Mladic: Justicia pendiente. Por Javier Fernández Arribas

El general serbo-bosnio Ratko Mladic representa un enorme cargo de conciencia para cualquier demócrata europeo. El Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia de la Haya ya está gestionando su extradición desde Serbia para juzgarlo por crímenes contra la Humanidad, en concreto por el asesinato de entre 7.000 y 8.000 varones musulmanes de la localidad bosnia de Srebrenica en julio de 1995. Esa matanza es el caso más flagrante de una actuación como jefe militar de los radicales serbo-bosnios que durante los más de tres años asoló cualquier vestigio de vida musulmana. Sarajevo, crisol europeo de culturas y religiones, fue una obsesión para un general que no escatimó en bombardeos y francotiradores durante un sitio que duró más de tres años y causó la muerte de más de 10.000 personas, entre ellas 1.500 niños. Todavía resuenan las risotadas de un servidor de una pieza de artillería en una de las colinas circundantes de la ciudad que dispara sin ton ni son para que las cámaras de televisión le pudieran grabar. “Da igual donde caiga, que mueran todos”, exclamaba. Y así fue, entre los defensores de Sarajevo había 10.000 serbo-bosnios contrarios a la locura de limpieza étnica desatada. Los europeos estuvieron divididos durante muchos años por los intereses que cada uno defendía. Altos dirigentes de la Unión Europea reconocían en privado que el conflicto de los Balcanes estuvo a punto de provocar una nueva guerra mundial. El sitio de Sarajevo terminó cuando Estados Unidos decidió intervenir militarmente y obligó a una unidad de acción de los europeos que culminó con la firma de la paz de Dayton. La Unión Europea comprobó que todavía le quedaba un largo camino que recorrer para una unidad real, política y social, y no únicamente monetaria y comercial. A pesar de los esfuerzos políticos, la violencia consiguió delimitar fronteras y los intereses particulares de cada país burlaron los principios básicos de convivencia y del derecho internacional. Hoy en día, los Balcanes siguen siendo una asignatura pendiente de la política europea donde las ayudas prometidas no han llegado y donde los sueños de democracia y libertad se ven coartados por las necesidades económicas y una crisis permanente.

La prueba de sus diarios

Hace poco menos de un año que se dieron a conocer los diarios de Ratko Mladic, 3.500 páginas escritas a mano y 99 cintas grabadas donde relataba sus obsesiones contra la población musulmana de Bosnia y la colaboración que se planteaba con los croatas para aislar a los musulmanes. Varios dirigentes croatas ya han sido condenados por sus crímenes. Mladic coincidirá en La Haya con su jefe político de entonces, el psiquiatra ultranacionalista Radovan Karadzic, que está a la espera de la sentencia tras la celebración del juicio hace dos años. El gran responsable del desastre de los Balcanes en los años 90, el serbio Slovodan Milosevic sufrió la vergüenza de someterse a la Justicia y murió antes de conocer su sentencia. Serbia cierra una espantosa página de su historia con la detención de Mladic, un militar educado en el comunismo y fanatizado en el nacionalismo que despreciaba la vida de los que consideraba enemigos con una crueldad sobrecogedora. Han pasado 16 años desde que se firmó la paz de Dayton que ponía punto final a la guerra en Bosnia-Herzegovina y todavía es imposible olvidar los recuerdos de las atrocidades cometidas en esa guerra por todas las partes pero con una responsabilidad inicial de los radicales serbo-bosnios que utilizaron una violencia extrema para intentar evitar la independencia de las distintas ex repúblicas yugoslavas, primero la de Croacia, después la de Bosnia-Herzegovina y, por último, la de Kosovo. Todo con el apoyo del entonces presidente serbio Slovodan Milosevic. Los cestos de mimbre que recogían un atroz trofeo de guerra: los ojos de los enemigos asesinados. Las casas donde se abría el gas, se encerraban a las familias y se hacía explosionar con una granada de mano. La corbata que consistía en cortar el cuello al enemigo y sacarle la lengua por la herida. La violación y asesinato de miles de mujeres. El odio alimentado entre personas que convivían sin problemas meses antes. El sufrimiento por el placer de machacar a un enemigo, tuviera la edad y el sexo que fuera. Y no sólo los grupos de ultra-radicales como los chetniks, también las tropas bajo el mando de Mladic participaron en limpiezas étnicas, allá por donde pasaban. En el caso de Srebrenica, donde los cascos azules holandeses jugaron un bochornoso papel indolente e impotente por los inconfesables intereses internacionales, la crueldad infame se grabó en unas imágenes donde Mladic acaricia la cabeza de los niños y les dice que “no os preocupéis, no tengáis miedo, no va a pasar nada” y les daba trozos de pan. Cuando las cámaras de televisión se fueron les quitó el pan a los niños y al día siguiente asesinó a sangre fría a más de 7.000 varones musulmanes de entre 12 y 77 años, los que podía empuñar un arma. Hay muchas películas: “En tierra de nadie” “Tras la línea enemiga” “Los hombres de Harrelson” “Underground” “Territorio comanche”, que han utilizado el conflicto de los Balcanes como argumento para denunciar la vergüenza de un conflicto en el corazón de Europa en el siglo XX. Esa memoria resulta imprescindible para depurar responsabilidades y para que los criminales de guerra como Ratko Mladic comparezca ante la Justicia en la Haya y responda de sus crímenes con el castigo más severo y contundente que sea posible, de acuerdo a la magnitud de sus asesinatos y al sufrimiento causado a miles de personas.

Javier Fernández Arribas