Europa, a la deriva. Por Javier Fernández Arribas

La primera explicación de los últimos resultados electorales registrados en distintos países europeos es que la crisis se lleva por delante a los gobiernos. En algunos casos, la interpretación interesada apunta a que los ciudadanos prefieren a los conservadores para gestionar una etapa de profunda crisis económica. Ocurrió en el Reino Unido con James Cameron, en España en los comicios municipales y autonómicos y ahora en Portugal. Todos con un duro plan de ajuste que aplicar para evitar la situación de Grecia o Irlanda. Pero la tónica no se cumple en todos. El ejemplo es la Alemania de la canciller, Ángela Merkel. Su partido está perdiendo casi todas las elecciones celebradas en los lander donde los socialdemócratas y verdes están recuperando posiciones. Los datos macroeconómicos confirman que Alemania ha superado la crisis, pero la percepción ciudadana no coincide todavía con una mejora de su nivel de vida y las expectativas de futuro. Incluso, la canciller ha sucumbido a un bandazo energético para contrarrestar a los verdes con la decisión de cerrar las centrales nucleares, que representa una demostración de escaso bagaje político.

Pero el ejemplo más preocupante de la deriva alemana es la crisis de la bacteria ‘E.coli’ que, además, ha provocado un lamentable espectáculo de la Unión Europea donde cada país ha reaccionado al toque de: “sálvese quien pueda”, sin que funcionaran los mecanismos que han hecho fuerte a una organización más preocupada siempre por los mercaderes que por los ciudadanos. Es inconcebible la ligereza acusatoria de unos políticos alemanes que hunde al sector agrícola español y todavía hay resistencias a la disculpa e indemnización imprescindibles. La crisis económica, las elecciones, la bacteria ‘E.coli’ y no debemos olvidar los problemas migratorios tras la primavera árabe en Túnez y la intervención en Libia. Muchos países europeos cerraron fronteras mientras limitaban la acción militar en un sí, pero no, con Gadafi todavía en el poder para, al final, tener que utilizar los helicópteros ante el riesgo de estancamiento del conflicto con el consiguiente desgaste y descrédito para los europeos. En Italia asistimos al final de la lamentable era Berlusconi, en España deberíamos aprender las consecuencias de caer en el populismo redentor; y en Francia, Sarkozy respira al quedarse sin rival socialista. Son algunos ejemplos de una Europa, a la deriva.

Javier Fernández Arribas