Reinventar Europa. Por Javier Fernández Arribas

Europa era, o algunos deseamos que todavía sea, un club donde los intereses comerciales y financieros prevalecían sobre los políticos con el ánimo de tejer una trama de intereses tan trascendente que no fuera ni posible, ni imaginable, ni viable, una tercera guerra mundial. El proceso de construcción europea ha sufrido sus altibajos con la presión del mantenimiento del poder político en cada país, y con la necesidad de preservar los intereses nacionales. Sin embargo, Europa concilió una generación de políticos que aunaron sus ambiciones partidistas y nacionales con el sueño de construir una Unión Europea que fuera más que un club de mercaderes para hacer buenos negocios y superar esa etiqueta que decía: “Europa es un gigante económico pero un enano político”. Se dieron pasos determinantes con los distintos tratados y se culminó un proceloso camino con la creación del Euro. Un logro fundamental que suponía la cesión de buena parte de la soberanía económica de aquellos países en condiciones de asumir la integración en el club de la Eurozona con la convicción de que el timón estaba en manos alemanas y francesas.

Ahora recordamos las voces de viejos expertos que advertían de que el Euro no se podría mantener sin la coordinación de las economías de los países miembros y sin la armonización fiscal. El desafío era desmesurado y nadie se atrevió a poner un cascabel a ese gato siamés que ahora sufre los desvaríos de sus crías díscolas del sur, fuera de cuentas y sin recursos económicos ciertos, ni voluntad popular de sacrificio ante una desastrosa gestión de sus gobernantes. Los rescates multimillonarios se plantearon como el recurso adecuado para sacar de la crisis a griegos, irlandeses, portugueses y, a quien pudiera caer con mayor nivel, es decir España, Italia o Bélgica. El peso principal recaía sobre las arcas alemanas, que se llenan con el esfuerzo de sus trabajadores y, también, con los consumidores del sur; y del Fondo Monetario Internacional que asume el papel de los mercados que se mueven más pendientes de las economías emergentes y que especulan con la debilidad europea.

La Eurozona está pagando su política errática e individualista frente a la crisis y se enfrenta a un contagio letal por las falsedades griegas que han agotado su capacidad de reacción por su pérdida total de credibilidad. Hay que reinventar la Unión Europea en un marco adverso de crisis también en Estados Unidos. Hacen falta políticos con categoría y sentido de Estado, nacional y europeo.

Javier Fernández Arribas