Un cambio con muchos problemas. Por Mariusz Borkowski

La situación en Europa del Este es muy parecida en todos los países, desde que en 1989 cayó el Muro de Berlín, aunque existen algunas diferencias. El hundimiento del ‘socialismo real’ trajo muchos cambios positivos, pero también algunos problemas. Muchos países ex comunistas como Polonia, Chequia, Hungría, Rumanía o las repúblicas bálticas pertenecen a la Unión Europea (UE), y esta integración ha traído desarrollo y ayuda económica. Poco a poco, los países del Este se modernizan, producen, compran y consumen productos de calidad, ya sean coches, electrodomésticos o bienes de equipo. Pero también hay que destacar que han subido los precios, poco a poco se equiparan a los de Europa occidental; sin embargo, los salarios están muy por detrás. El salario mínimo en Polonia es de 260 euros; en Bulgaria, de unos 150 euros. El desarrollo económico ha enriquecido a una élite y ha creado una clase media, pero también ha provocado bolsas de pobreza y desigualdades. En la época socialista éramos muy pobres, pero bastante igualitarios. Hoy en día, somos más ricos, es cierto, pero también muy desiguales. En el ámbito político, los países de Europa del Este han progresado mucho, tenemos sistemas democráticos que garantizan las libertades públicas y dinamizan nuestras economías. Poco a poco, los habitantes de los países de Europa central y oriental aprenden a ser ciudadanos. Las inversiones extranjeras han aumentado espectacularmente; el consumo de la población también. Estamos mucho mejor que antes, hemos recuperado una parte del atraso histórico que sufríamos respecto de Europa occidental.

Sueños frustrados

Ahora bien, eso no significa que todo haya sido positivo. Durante el ‘socialismo real’, las sociedades del Este tenían una vaga noción de lo que era el capitalismo y el modo de vida capitalista. La población de nuestros pobres países soñaba con altos niveles de consumo, coches de lujo, poder viajar al extranjero, hablar libremente… Y llegó el capitalismo, pero, en una primera etapa, a principios de los años 90 del siglo XX, llegó el capitalismo en su versión más despiadada y salvaje. Llegó un capitalismo cruel y mafioso. Fue un sistema en buena medida alentado por los antiguos dirigentes comunistas, y sometió a la población a duros ajustes y planes de reconversión económica. Este proceso trajo pobreza y miseria, aunque los supermercados fueran llenándose de productos y las calles de las ciudades y las carreteras, de coches de lujo. Los ciudadanos de Europa del Este no estaban preparados para un cambio tan brusco. Hubo transición política, pero no económica. En el ámbito político, al poco tiempo de acabar el sistema anterior, los comunistas, esta vez con etiqueta socialista o socialdemócrata, regresaron al poder por la vía de las urnas. El pueblo les votó porque el capitalismo le asustó. Pero los neocomunistas aplicaron políticas económicas neoliberales, se enriquecieron escandalosamente y contemporizaron con la corrupción. El campo político se fue organizando y la derecha populista y ultraconservadora llegó al poder en muchos países sin cultura democrática y con una sociedad civil que el comunismo había destruido. Las grandes ilusiones de cambio fueron desvaneciéndose poco a poco y el pesimismo y la frustración, que son un buen caldo de cultivo para los populismos antidemocráticos de derecha e izquierda, se propagaron en todas partes. Los obreros tenían serias dificultades para trabajar correctamente, la población no estaba acostumbrada al paro y el Estado no funcionaba. En general, en Polonia, Rumanía o Bulgaria, por dar estos tres ejemplos, los políticos tienen un nivel de educación muy bajo, las sociedades están todavía muy atrasadas, son intolerantes y escasamente democráticas. Las elecciones no seducen a buena parte de la población. Más del 50% de los polacos no vota y más del 60% de los rumanos en algunos comicios.

Mejora

En los últimos años, la situación económica ha mejorado sustancialmente en muchos países de la región, hay menos pobreza, ha disminuido la corrupción, la clase media vive y consume como en Europa occidental y el sistema político no funciona peor que en Italia, España o Francia. Pero seguimos teniendo muchos problemas, millones de polacos, búlgaros, rumanos, húngaros y eslovacos viven y trabajan en Europa occidental. Chequia es un país plenamente desarrollado. Eslovenia también. Pero Rumanía tiene aspectos tercermundistas. Europa del Este ha cambiado y mejorado mucho, pero todavía no es plenamente europea, sobre todo los países más pobres.