Presidencia polaca de la UE y crisis económica. Por Paco Soto

Polonia asumió el 1 de julio la presidencia europea en un contexto de delicada situación económica en la UE por culpa de la crisis griega y después de que Hungría ejerciera estas funciones en el primer semestre del ano sin pena ni gloria, pero siendo noticia por el giro a la derecha extrema llevado a cabo por el primer ministro magiar, Viktor Orban. Polonia no ha conocido recesión económica en estos tres anos de crisis internacional y experimenta un crecimiento del PIB superior al de Alemania. Es un país políticamente estable y socialmente conservador que aspira a convertirse en una potencia media europea en los próximos anos, y quiere utilizar su gestión semestral de los asuntos comunitarios para impulsar la apertura de la UE a Europa del Este sin molestar demasiado a Rusia, cerrar la entrada de Croacia en la Unión y fortalecer la integración del mercado único y la defensa europea de común acuerdo con Francia y Alemania, según han declarado los principales dirigentes polacos. Siete anos después de su ingreso en la UE, Polonia, que es el cuarto Estado poscomunista que preside la Unión, asume esta tarea en pleno debate sobre el control de la inmigración por los países del espacio de Schengen y el futuro de las revoluciones populares en el mundo árabe. Varsovia ha estrechado los lazos políticos y económicos con París y Berlín y mejorado sustancialmente su relación con Moscú desde que el liberal Donald Tusk asumió el cargo de primer ministro, hace tres anos y medio, y quiere que la presidencia de la Unión fortalezca su papel en la escena europea. En este sentido, el Gobierno de Tusk desea que su país se convierta en un elemento decisivo de la cooperación entre la UE y antiguos territorios de la URSS en el marco del denominado ‘Partenariado oriental’, y que mejor oportunidad para alcanzar este objetivo que la cumbre que se celebrará en Polonia el próximo mes de septiembre entre la Europa comunitaria y cinco Estados postsoviéticos: Ucrania, Bielorrusia, Armenia, Azerbaiyán y Georgia.

Dos caras

Aunque el panorama que se le presenta a Polonia este semestre es positivo, no deja de ser dual, contradictorio, porque el ex país comunista no ha resuelto todas las consecuencias del atraso político y económico del pasado. Polonia no ha superado completamente el trauma que causó el accidente aéreo de Smolensk (Rusia), el 10 de abirl de 2010, en el que murió el presidente Lech Kaczynski. La oposición de derecha radical del partido Ley y Justicia (PiS) de Jaroslaw Kaczynski –hermano gemelo del difunto jefe del Estado- quiere utilizar el evento europeo para acosar al Gobierno de Tusk. En un informe sobre la tragedia área, el PiS acusa veladamente al Gobierno polaco de ocultar la verdad a la población y a Tusk, de sacrificar los intereses nacionales de Polonia frente a Rusia. Las tensiones en la vida parlamentaria y política son continuas y liberales y ultraconservadores se tendrán que disputar el poder en las legislativas del próximo 9 de octubre, en plena presidencia europea. De momento, las encuestas dan la victoria a Tusk. La poderosa Iglesia católica presiona a los poderes públicos para que legislen en función de sus intereses y valores, y varios colectivos judíos se quejaron ante el Vaticano por unas declaraciones antisemitas que realizó el sacerdote Tadeusz Rydzyk, propietario de un emporio mediático de extrema derecha. Asimismo, la negación de Tusk a indemnizar a los ciudadanos polacos que fueron expropiados por los nazis y los comunistas, según denunció la semana pasada un colectivo de afectados, no da una buena imagen de Polonia.