Ultras búlgaros atacan una mezquita

Paco Soto – Varsovia

El partido ultra búlgaro Ataka, liderado por Volen Siderov, ha lanzado una campana de acoso contra los ciudadanos de origen turco y musulmán (un millón de personas, el 12% de la población), porque los considera extranjeros en su propio país y fuente de conflictos. Ataka, que tiene 21 diputados en el Parlamento, sostiene que Bulgaria es un país “amenazado por el imperialismo turco” y acusa a Ankara de promover el “proselitismo musulmán” en el Estado balcánico a través del Movimiento de Derechos y de Libertades (MDL) de Ahmed Dogan, un partido que representa a los búlgaros de origen turco. Esta formación consiguió 39 diputados en las legislativas de 2009. Ataka organizó una manifestación frente a la mezquita Banya Bashi de Sofía, la más importante de la capital búlgara, que acabó en batalla campal entre musulmanes y extremistas. Decenas de personas resultaron heridas, entre ellas varios policías, y la diputada xenófoba Denitsa Gadzheva tuvo que ser ingresada en un hospital. Según el MDL, “las agresiones contra los musulmanes son constantes, y muchos ciudadanos de origen turco viven asustados y quieren irse del país”. El MDL y grupos pro-derechos humanos acusan a Ataka de promover acciones agresivas contra la minoría musulmana para conseguir apoyo popular de cara a las elecciones municipales y presidenciales del próximo otono. Por su parte, Turquía, a través del primer ministro, el islamista moderado Recep Tayyip Erdogan, condenó el ataque a la mezquita y denunció el “auge de la islamofobia en toda Europa”. El Gobierno de centroderecha de Boiko Borisov, al que algunos sectores sociales culpan de connivencia con la ultraderecha xenófoba, se ha mantenido en un segundo plano en este grave conflicto.

Asimilación

En 1984, el dictador comunista búlgaro Todor Zhivkov puso en marcha una brutal campana de asimilación de los musulmanes. Les obligó a cambiar sus nombres por otros eslavos y prohibió la utilización del idioma turco. La campana de “bulgarización” de la minoría turca duró unos cuatro meses, un centenar de musulmanes fueron asesinados y 300.000 abandonaron el país en 1989, cuando Bulgaria abrió sus fronteras con Turquía en 1989.