En defensa de la libertad de expresión. Por Alberto Abello*

En pleno siglo XXI,  periodistas identificados por trabajar en distintos medios, dirigirlos o ejercer el derecho a la crítica, suelen ser perseguidos o amenazados en Colombia y el exterior. Un ejemplo es la insólita pretensión en Ecuador de asfixiar el diario El Universo, por cuenta de la denuncia presidencial por la publicación de una información que consideró incierta.

Como la exigencia de US$ 80 millones, que derivó en un fallo que estipula en  US$ 40 millones la reparación y tres años de cárcel para los responsables. Triste y escandalosa afrenta a la noción misma de justicia imparcial y la libre expresión. Y lo peor es que no se utilizan tropas para clausurar el diario, se le quiere asfixiar económicamente con una multa impagable.

En otros lugares del planeta los medios de comunicación y los diarios son comprados por grupos económicos afines al Régimen de turno, que le dan un vuelco a la información y reniegan de los principios de imparcialidad, objetividad, respetabilidad periodística más elemental, para convertirse en modelo de  adulación y abyección. Y los gobiernos miden su relación con los medios como una competencia de manipulación y servilismo. No es de sorprender que la SIP considere el 2011 como “el peor año para la prensa” en nuestra región, con 19 asesinatos mal contados, tenemos un indicador trágico de atentados y crímenes contra quienes pretenden ejercer el periodismo.

Uno de los casos mas aberrantes contra la libre expresión se dio el 8 de junio pasado en Ipiales, al sur del país, donde Mario Esteban López, un aventajado profesional de 28 años, propietario de un modesto canal regional de televisión, ha sido amenazado por facinerosos de ser ejecutado, dado que la delincuencia aplica la pena de muerte en el país con frecuencia, pese a que está prohibida por ley. La única salida para que no se cumpla la fatal decisión de los criminales es que se vaya del país. El comunicador se armó de valor y resolvió seguir con su trabajo de informar sobre la corrupción y las ocurrencias violentas en los barrios de Ipiales, donde la gente hace justicia por su cuenta, se vive una guerra sorda, con frecuentes  tiroteos, venganzas y ejecuciones impunes.

López, al salir de su trabajo estuvo a punto de perder la vida, cuando unos desconocidos se abalanzaron sobre su humanidad, lo inmovilizaron, lo molieron a golpes, lo rociaron con gasolina para quemarlo vivo y lo tuvieron al borde de la asfixia. Al parecer, lo soltaron al detectar la cercanía de unos policías. En esa ciudad nadie le garantiza la vida.

Las noticias sobre este caso que debiera interesar a la prensa no consiguen resonancia nacional, lo último que se sabe es que ha sido denunciado por elementos oficiales de la región descontentos por la divulgación de sus investigaciones y se siente perseguido. Sus malquerientes dicen que tiene delirio de persecución. La vida del periodista se volvió un infierno y debió aplazar su matrimonio. Lo más cruel es que en Ipiales los vecinos hacen apuestas grotescas sobre cuánto tiempo le queda de vida.

* Alberto Abello es historiador y periodista, editor general del diario El Nuevo Siglo de Colombia.