Intolerable masacre siria. Por Javier Fernández Arribas

Siempre ocurre en el mes de agosto. La actividad informativa internacional no sólo no disminuye, sino, al contrario, se acrecienta en unos términos cruciales para la estabilidad internacional. Cuando todos los ojos interesados de los fondos de inversión, las primas de riesgo, los tipos de interés y, en definitiva, la recuperación económica están pendientes de las cuitas preelectorales en Estados Unidos y como lograr una victoria política, sin vencedores, ni vencidos, que contribuya a evitar la amenaza de suspensión de pagos, el riesgo internacional resurge de nuevo en Oriente Medio. En esta ocasión, no se trata del sempiterno conflicto entre israelíes y palestinos, pero sí de la desalmada represión contra los opositores al régimen sirio cuyo futuro sí va a condicionar las relaciones en una zona crucial para la estabilidad internacional.

Ha empezado el mes de agosto y el ambiente nacional está más inmerso en el mal tiempo en el norte; los grandes fichajes de los grandes clubes, los demás ni se plantean una cesión a la espera de que alguien los rescate una vez más o de la llegada de un jeque a lo malagueño; los crímenes estivales o de la precampaña electoral de unos políticos que deben recuperar la confianza de los ciudadanos que tiene como clave esencial la capacidad de adoptar medidas que propicien la creación de empleo. Lo demás, será pura propaganda sin sustancia. Mientras en España estamos pendientes de nuestras vacaciones con mayor afluencia de turistas en beneficio de nuestra economía, en Siria centenares de personas siguen muriendo ante la acción asesina de la Muhabarat, el todopoderoso servicio secreto sirio que no tiene escrúpulos en bombardear a su pueblo.

Es la cara horrible de las primaveras árabes que tienen a la Comunidad Internacional en un difícil compromiso. Con excesivas contradicciones internas por la crisis, la intervención en Libia está estancada, en Egipto utilizan carros de combate contra manifestantes, en Túnez el proceso de reformas se ralentiza, en Yemen el futuro es incierto, en Bahrein la tranquilidad la garantizan tropas saudíes y emeretíes y, en Siria, es inadmisible la barbarie asesina de un régimen respaldado por Irán y, más disimuladamente, por China. El mundo se debate en una lucha económica y comercial por la hegemonía que depende de poner en orden la propia casa de Estados Unidos y de la Unión Europea.