El rey paranoico. Por Carles Llores

Un artículo que tengo entre mis manos habla de Muamar el Gadafi como el líder “más ideológico” del mundo árabe. ¿Ideológico? Ciertamente, el coronel tiene obra escrita. No podía ser menos que los grandes líderes revolucionarios: Lenin, Trotsky, Castro, el Che… Si Mao hizo el Libro Rojo, él, en 1975, publicó su Libro Verde. Resultaría osado hablar, sin embargo, de ideología, si la referencia es este librillo que se lee en media hora y trata disparates, siendo especialmente interesantes los relacionados con la menstruación femenina y la lactancia materna, con banalidades sobre el socialismo, el panarabismo y el islamismo. Pretensión es lo único que el Libro Verde. Primera, “la solución al problema de la democracia: el poder del pueblo”. Segunda, “la solución al problema económico: el socialismo”. Y tercera, “la base social de la tercera teoría internacional”. En Libia el Libro Verde está – o estaba – por todas partes. Más allá no ha tenido escolástica, si bien el coronel ha financiado congresos en la materia en los que han participado reputados intelectuales progresistas, incluido Anthony Giddens. ¿El más ideológico? No sé. ¿El más arrogante? ¡Seguro! ¡Y el más demagógico! Su ideología ha sido excitar a las masas árabes atacando a Israel y a Estados Unidos.

Tampoco deberían extrañar sus atrocidades actuales. El coronel es el líder más cruel e inhumano del mundo árabe. No son especulaciones. En 2003 reconoció su responsabilidad en el ataque al avión que estalló sobre la ciudad escocesa de Lockerbie:270 muertos. Poco después asumió el ataque al avión francés UTA, en 1989: 171 muertos. También patrocinó atentados de los aeropuertos de Roma y Viena de 1985, y de una discoteca berlinesa en 1986, además de financiar, entrenar y apoyar a grupos terroristas de todo tipo. Todo esto, en otros casos, habría movilizado al Tribunal Internacional de la Haya y el tirano se habría tenido que blindar en su país. En el caso de Gadafi no ha pasado nada. Se ha entrevistado con Blair, Berlusconi e incluso con Zapatero, ¡que se ha mostrado contento como unas castañuelas! El coronel ha viajado por todo el mundo, siempre con un inmenso séquito. Ha instalado su tienda beduina, sus camellos y cabras en el Palacio del Pardo en Madrid y en el parque Doria Panphili de Roma. Este espectáculo ha causado más curiosidad televisiva que indignación.

Más que en la afirmación sobre el tema ideológico, me detengo en la foto que ilustra el artículo en cuestión. El coronel aparece sentado en un sofá como un trono. Llaman mi atención sus manos. ¡Qué manos! Apoyadas en el brazo del sofá con la misma displicencia que los reyes justo antes de darlas a besar a los súbditos. Pero no son las manos duras, fuertes y masculinas, del hombre duro que el coronel representa. Son manos cuidadas, que han pasado por la manicura, afeminadas. Viendo esta imagen me viene a la mente la entrevista que le hizo Oriana Fallaci. La entonces periodista del Corriere de la Sera explicó que, el día antes, le preguntaron si, para las fotos, prefería que el coronel fuera vestido con uniforme militar o túnica. La florentina se encontró con un personaje maquillado y con unos zapatos de tacón de 7 centímetros.

El choque entre el misógamo coronel y la brava periodista fue frontal. El retrato del personaje es demoledor. Para Fallaci, Gadafi es un paranoico. Alguien aparentemente normal, pero cuyo delirio que le hace perder el sentido de la realidad. Alguien con gran sentido mesiánico, convencido de su infalibilidad y superioridad, que se siente perseguido y por eso persigue. Y señala, “el paranoico es un exhibicionista terrible: un vanidoso narcisista. Alguien que puede ser un onanista reprimido, o un homosexual latente que odia a las mujeres al mismo tiempo que las envidia. En la base de la paranoia hay, sostienen los psiquiatras, un impulso homosexual no asumido y solo hay que citar a Hitler, paranoico por excelencia”. Fallaci sentencia: “Se trata de un impostor presuntuoso, un bobo vestido de dictador, de profeta, de Mesías. Un personaje clínicamente estúpido”. Que la periodista llegara a tal conclusión tiene que ver con cómo acabó la entrevista. Cansado de las preguntas, el coronel, completamente desbocado, acabó gritando: “¡Mi Libro Verde es la guía de la revolución, la brújula para la emancipación humana! ¡Es el evangelio! ¡Del futuro! ¡De la nueva era! ¡Es la palabra! Era 1979…

Carles Llorens