Políticos y mercados. Por Javier Fernández Arribas

El desconcierto ciudadano crece por minutos ante las noticias que llegan sobre la situación económica internacional y la que sufre específicamente España. El español de a pie está haciendo un curso acelerado para entender eso que se llama prima de riesgo, bonos, mercados, déficit o deuda; bueno, eso de las deudas es demasiado bien conocido en España pero a la vieja usanza. Por eso, la nueva economía globalizada que han construido una serie de desalmados aventajados con la complicidad de unos políticos pusilánimes o, más bien, obligadamente agradecidos, requiere una enorme especialización pero que se puede resumir en que la concentración de poder y la ambición desmesurada de los tiburones financieros nos han llevado al caos.

Es muy significativo que los políticos necesiten tanto tiempo para reaccionar y tomar decisiones cuando el diagnóstico de lo que hay que hacer es claro. Hay muchos condicionantes, muchos favores que devolver, facturas pendientes que no admiten dilación hasta que la avaricia rompe el saco y el sistema se pone en serio peligro, incluso para los insaciables. Pero no basta con un parche circunstancial como el aplicado este lunes por el BCE, es imprescindible que la Política recupere su margen de acción y regule lo necesario para evitar una concentración de poder de ciertas organizaciones que son capaces de llegar al borde del colapso con tal de alcanzar sus beneficios.

Todo comenzó cuando en Estados Unidos, en 1982 se derogó la ley Glass-Steagall que impedía grandes fusiones, entre otras, de bancos de depósitos y de inversiones. En 2000, se aprobó la Ley de Modernización de Futuros que prohibía la regulación de derivados financieros. El resultado, los paquetes financieros, y el colmo, las hipotecas-basuras o subprime a personas que se sabía que no podrían pagarlas pero que se vendían a otras entidades y así crecía la bola especulativa.

En España, la concentración de poder en el sector inmobiliario se dio con los bancos y cajas y las sociedades de tasación que permitió una burbuja de dimensiones escandalosas que ningún político se atrevió a atajar. Ahora, hay que hacer frente a un sistema leonino para los gobiernos y los ciudadanos y que requiere una acción contundente y clara de unos políticos con categoría y altura de miras, tanto en España, como en la Unión Europea, como en Estados Unidos. Todos debemos exigir a nuestros políticos que asuman su responsabilidad, y a los medios de comunicación, también.