El régimen cubano se abre a los impuestos

Durante los últimos meses, los cubanos se han visto obligados a incorporar a su vida cotidiana los “impuestos”, un concepto hasta hace poco inédito en la isla. En paralelo a toda una serie de reformas operadas por el régimen y que supusieron el nacimiento de un tímida iniciativa privada en la isla, toda persona que trabaje por cuenta propia debe rendir cuentas al Estado. Los nuevos impuestos afectan a quienes trabajan por cuenta propia, es decir, a unas 325.000 personas, un 6% de un total de población activa de unos 5 millones de personas, según la Oficina Nacional de Estadística. Desde el ministerio de Finanzas se espera, no obstante, que en virtud de la reciente apertura tras las reformas, la cantidad de trabajadores independientes aumente de forma paulatina, suponiendo 1,8 millones de personas trabajando por cuenta propia en 2015.

En una economía de planificación socialista como la cubana, “impuesto” es un concepto ajeno a buen parte de la población. Dos terceras partes de los 11 millones de cubanos nacieron después de la revolución en 1959 y siempre disfrutaron de prestaciones estatales como salud y educación gratuitas. De ahí que las autoridades hayan tenido que poner en marcha campañas de concienciación entre la población, sobre la necesidad de que los trabajadores autónomos contribuyan a sufragar los enormes gastos sociales del Estado a través del pago de impuestos, al tiempo que el resto de ciudadanía entienda lo vital de estas aportaciones. Desde que se inició el proceso para autorizar el comercio privado a finales de 2010, se han concedido unas 178.000 licencias, a las que hay que sumar las 147.000 existentes en los noventa, cuando se había producido una apertura similar, aunque más limitada.

Eso sí, los impuestos cubanos son muy elevados, si los comparamos con los de otras economías capitalistas. Los “cuentapropistas”, como se les denomina en la isla, deben pagar hasta un 50% por sus ingresos personales, un 10% de las ventas y, en algunos casos, un 25% de seguridad social. Además, también se creó un tributo para la contratación de fuerza de trabajo que, de momento, ha quedado en suspenso. Por lo que respecta a las deducciones, algo harto complejo en un país donde nadie emite facturas, estas pueden alcanzar hasta el 40% de los ingresos en alguna de las 178 actividades que el régimen autoriza a desempeñar. Para los “cuentapropistas” más modestos (jardineros, carpinteros, cerrajeros, lavanderas o mecanógrafos, por ejemplo), el régimen ha previsto un sistema impositivo “simplificado”, en virtud del cual abonarán de media unos 30 pesos mensuales (1,25$).