De Montgomery a Sidi Buzid. Por David Alvarado

El 1 de diciembre de 1955 Rosa Parks, una costurera afroamericana de 42 años natural de Montgomery, en Alabama, se convirtió en símbolo de un movimiento que cambió la historia de Estados Unidos. Como era su costumbre, Parks cogió ese día un autobús público para volver a casa después del trabajo. Los vehículos estaban marcados con una línea para que los blancos se sentasen delante y los negros detrás. Parks se sentó en los asientos del medio. Cuando el conductor le ordenó que cediera su lugar a un blanco, la costurera se negó y fue arrestada. “Aquel día estaba cansada y harta de ceder”, dijo Parks. El caso trascendió y dio alas a los movimientos antisegregacionistas encabezados por un joven reverendo llamado Martin Luther King, que durante 382 días auspició una oleada de protestas contra la segregación en los autobuses públicos de Montgomery. Parks fue el detonante, un ejemplo para toda una comunidad hasta entonces intimidada y sin apenas voz.

El 17 diciembre de 2010 un joven vendedor ambulante tunecino encendió la mecha de otro movimiento de dimensiones aún no mensurables. Esa mañana una agente de policía trató de confiscar la fruta que Mohamed Buazizi vendía. El joven se enfrentó a la agente y dos de sus compañeros lo golpearon y se llevaron su balanza. Buazizi fue al ayuntamiento y exigió que le devolvieran lo que era suyo, siendo nuevamente golpeado. Caminó hasta la oficina del gobernador, demandó una audiencia y se la negaron. A mediodía, frente a la reja de éste último, el joven se prendió fuego. Para cuando murió, el 4 de enero, las protestas iniciadas por el trato a Buazizi en Sidi Buzid se habían propagado a todo el país. El 14 de enero el presidente Ben Alí era derrocado y el vendedor pasaba a la historia como un mártir de la lucha por la dignidad humana, un modelo de determinación para tunecinos y demás pueblos árabes.

Sin pretenderlo, Parks y Buazizi se convirtieron en un revulsivo de movimientos sociales más amplios y complejos, no reductibles a uno o unos pocos individuos. Un elemento de fuerte carga simbólica y motivación para afroamericanos y árabes. Parks unió a muchas sensibilidades en torno la lucha por la igualdad jurídica entre negros y blancos en Norteamérica. Buazizi desbloqueó las mentes de tunecinos, egipcios, libios y demás pueblos de la región, que pierden el miedo y ya no quieren resignarse, reclamando la capacidad para decidir sobre su futuro. No obstante la democracia, como los derechos civiles, no es algo instantáneo. Como afirmó Charles Tilly, gran teórico estadounidense de las revoluciones y el cambio social, la democracia es un lago. Tiene propiedades distintivas y una lógica propia pero se forma de diferentes modos, cada uno de los cuales retiene trazos de una historia singular. Igual que un lago.

El gesto de Buazizi fue el acto fundador de la denominada “primavera árabe”. En Túnez primero y Egipto después, con réplicas en Libia y otros estados. Que el pueblo esté en la calle es ya un logro en si mismo. El haber conseguido echar al máximo responsable de turno, otro aun mayor. Pero la existencia de brechas, de aperturas en el rígido caparazón de regímenes como el tunecino y el egipcio, no garantiza que se pueda pasar a través de ellas. La ola de protestas en la zona tampoco puede llevarnos a emitir generalizaciones. La acción colectiva en Libia, Túnez y Egipto es de tipo “reactivo”, comprendida como la autodefensa ante una agresión evidente, habiendo sido usurpados flagrantemente los derechos del pueblo. En Marruecos y Jordania, por ejemplo, las protestas son “proactivas”, alrededor de cambios que, si bien anunciados, aún no son disfrutados por el pueblo.

Europa sigue con interés las revueltas árabes. Aunque con inquietud por sus efectos inmediatos en forma de subida del precio del crudo y presumible llegada masiva de inmigrantes, se admira el coraje e imaginación de una juventud que ha trascendido la virtualidad de las redes sociales. Donde únicamente se intuían regímenes autoritarios, yihadismo y religión, donde la fauna se creía compuesta de dictadores, kamikazes e incendiarios predicadores, Europa ha descubierto unos pueblos que hablan su mismo lenguaje de libertad, igualdad, fraternidad y democracia. Las referencias de los contestatarios no remiten a Jomeini y Ben Laden, sino a Gandhi, Luther King y Mandela. Y todo porque un tal Mohamed Buazizi, al igual que Rosa Parks, un día decidió que estaba cansado y harto de ceder.