Túnez: (Contra) revolución en marcha

La inestabilidad es la tónica en Túnez. La contestación no cesa de aumentar en calles y plazas. A pesar de la promesa de cambio, la elite política, aún aliada del poder judicial y próxima de las fuerzas de seguridad del ex presidente Zine El Abidine Ben Ali, continúa manteniendo casi intacto su poder e influencia en el país. Como muestras, la liberación del general Ali Seriati o el reciente ascenso del presunto torturador Yassine Tayeb a máximo responsable de la Dirección General de la Seguridad Nacional (DGSN). Para colmo, el actual ministro de Interior, Habib Essid, nada sospechoso de ser un hombre abierto, tolerante y democrático, continuaría manteniendo activas en el seno del Estado redes de fieles adeptos a Ben Ali.

Estos indicios hacen temer a la ciudadanía la vuelta a los reflejos autoritarios pre-revolucionarios. Fuentes diplomáticas occidentales en puesto en Tunez creen que las cosas van a empeorar. El presidente interino Fuad Mbaza se encuentra sobrepasado por los acontecimientos y, sobre todo, por el implacable primer ministro Beji Caid Essebsi, que cuenta con el total apoyo de los caciques del antiguo régimen. “No se trata de una revolución, sino de un simple ajuste de cuentas entre clanes rivales en el seno del régimen”, asegura un ex director general ministerial bajo mandato de Ben Ali. Essebsi y Mbaza garantizarían los intereses de la burguesía tunecina, al igual que han podido salvaguardar sus ventajas los antiguos responsables del sistema judicial y de seguridad, a pesar de haber sido operados ciertos retoques.

No se puede descartar una insurrección violenta en Túnez, de no cuajar realmente la promesa democrática y de continuar afianzando su poder e influencia las elites del antiguo régimen. Informes dirigidos por diplomáticos en puesto en el país magrebí dirigidos a sus respectivas cancillerías coinciden en señalar los riesgos. Inquieta también el hecho de que se han hallado armas provenientes de Libia entre jóvenes desfavorecidos de la región de Kaserín y de Sidi Buzid, donde se originó la revolución jazmín. La mecha podría desencadenarse en el interior del país, y de ahí extenderse hacia la costa.