Papa a favor radicalidad tras atentado

“Frente al eclipse de Dios, una cierta amnesia y un verdadero rechazo al cristianismo, radicalidad cristiana”, declaró Benedicto XVI un día después de que uno de los voluntarios en la Jornada Mundial de Juventud (JMJ), que se celebra en Madrid, fuera detenido tras un intento de atentado. La extrema fe cristiana que profesa el mexicano José Pérez Bautista, estudiante de química orgánica de 24 años, lo condujo a perpetrar un ataque contra los laicos que se oponen a la visita del Papa. Pérez Bautista tenía la intención de lanzar a los manifestantes gas sarín, tal y como lo había significado previamente en varios foros de Internet ultracatólicos. Asimismo, el propio aprendiz de terrorista explicaba en estos mismos foros cómo proceder para fabricar sustancias corrosivas como el ácido sulfúrico. ¿Es esta la radicalidad a la que se refiere el Sumo Pontífice?

En palabras del cardenal de Madrid, Monseñor Rouco Varela, el catolicismo es una religión de masas con millones de fieles, algunos de los cuales, al igual que pasa en otras religiones como el Islam, son extremistas. La JMJ ha reunido a cerca de un millón de jóvenes católicos llegados de todo el mundo con el propósito de servir como ejemplo a los miles de millones de agnósticos y ateos de todo el planeta. Según la Iglesia católica, el mundo se divide en jóvenes católicos, que se reúnen en la vía pública con el previo permiso de las autoridades para bailar y tocar instrumentos, mientras no tienen lugar las misas y homilías; y jóvenes “desnortados” conocidos por invadir las calles y hacer botellón. ¿Son estos los dos y únicos grupos en los que se puede clasificar a la juventud occidental?

Según Ratzinger, que en su día perteneció a las juventudes hitlerianas, “la educación regida por el pragmatismo inmediato da lugar al abuso de una ciencia sin límites y al totalitarismo político”. Frente a la racionalidad y el humanismo que, en su acepción más radical, tanto ha criticado la Iglesia, el joven Pérez Bautista ha mostrado que la fe en extremo, más allá de dar equilibrio al ser y permitir diferenciar con claridad el bien del mal, conduce al trastorno. Al igual que miles de islamistas radicales, que han dejado un mar de sangre tras ellos. Y del mismo modo que el asesino de Oslo, Anders Behring Breivik. Y es que el radicalismo, aunque le pese a la Iglesia católica, no entiende de religiones.