Acorralado, Gadafi prepara su huída

A última hora de la tarde de ayer, la Corte Penal Internacional (CPI) recibió la confirmación de que Seif El Islam, segundo hijo de Muamar Gadafi, había sido detenido por las fuerzas rebeldes. La CPI acusa a Seif El Islam, al igual que a su padre, de crímenes de lesa humanidad, presuntamente cometidos a partir del pasado mes de febrero, cuando se inició la revuelta en el país magrebí. Diplomáticos destinados en Libia han confirmado que en su asalto los rebeldes se han hecho con el control casi total de Trípoli, salvo el complejo Bab Al Aziziya, donde Muamar Gadafi se refugia junto a algunos miembros de su familia y otros altos dirigentes del régimen.

Las fuerzas del Consejo Nacional de Transición (CNT) se han apoderado, entre otros, con la Plaza Verde, todo un símbolo que durante cuatro décadas ha sido escenario de los desfiles en honor a Gadafi. Además, los insurgentes también controlan el aeropuerto, donde permanecen dos aviones sudafricanos desde hace algunos días ante una posible salida negociada con el dictador, y la radio estatal, de la que Gadafi se servía para hacer llegar sus mensajes a la población. Los enfrentamientos entre fuerzas gubernamentales y rebeldes se han desplazado a los alrededores de la residencia del mandatario libio. Un periodista egipcio que cubre el conflicto ha indicado telefónicamente a Correo Diplomático que  el cuartel general de Gadafi se encuentra totalmente cercado, lo que ha sido confirmado por el canal de televisión catarí Al Jazeera.

Fuentes de inteligencia tunecinas han llegado a apuntar que el propio Muamar Gadafi habría caído en manos de los rebeldes, una eventualidad que, por el momento, no ha podido ser confirmada. ¿Está Gadafi aún a tiempo de negociar su salida del país? ¿Podría pactar su marcha, al menos, el entorno cercano del dictador? Familiares y próximos colaboradores saben que sus destinos se encuentran vinculados al del propio Gadafi, figurando la mayoría de ellos en las listas cuyos haberes se han visto congelados o que son objeto de una orden de arresto internacional de Interpol. En Trípoli, no son pocos los que envidian la suerte de Musa Kusa, efímero ministro de Asuntos Exteriores y antiguo jefe de los “servicios” de Gadafi, que en marzo consiguió llegar a Inglaterra con garantías de poder disponer de sus bienes, a condición de colaborar con la OTAN y las fuerzas de la coalición en las operaciones militares contra su otrora jefe.

 

Sudáfrica, Venezuela o Túnez

Durante las últimas semanas, el propio Gadafi ha estado buscando una puerta de salida a su delicada situación. El guía supremo ha enviado en secreto a algunos de sus hombres de confianza a Bamako para reunirse con responsables franceses e ingleses y negociar su partida. Los presidentes Jacob Zuba, de África de Sur, y el venezolano Hugo Chávez, quien no ha cesado en ningún momento de estar del lado del dictador libio, arremetiendo contra los rebeldes y los países que los apoyan en Occidente; han desplegado ingentes esfuerzos diplomáticos buscando una salida para el dictador libio, proponiendo el exilio de éste, su familia y su entorno próximo, a Sudáfrica o Venezuela.

La opción venezolana parece haber ganado enteros desde que los rebeldes se han hecho con el control de la capital y han iniciado el asalto a los refugios del dictador. Chavez consideraría una suerte de “trofeo” que Gadafi se exiliara en suelo venezolano, “en elemento más para dotar de credibilidad su proyecto anti-occidental“, según confía a Correo Diplomático un periodista de El Nacional de Venezuela. Por otra parte, observadores occidentales en la capital libia han dado cuenta, hace algunos días, del aterrizaje de dos aviones sudafricanos en el aeropuerto de Trípoli. Mientras uno de los aparatos traía a una delegación sudafricana que, supuestamente, se ha encargado de gestionar el proceso negociador con Gadafi, el otro avión que recibió la autorización de la OTAN para aterrizar en el aeródromo capitalino estaba vacío, listo para transportar a varios cientos de personas.

Una última opción por la que Gadafi podría decantarse es Túnez, país cercano desde el que poder seguir dirigiendo a sus milicias y desestabilizar un eventual poder del CNT, y que se ha convertido en la salida privilegiada por el grueso de los responsables del régimen libio. Durante la última semana, al menos una cincuentena de miembros de la elite política y militar libia han llegado al vecino país magrebí. Otra cosa es que, en pleno proceso de transición, las autoridades tunecinas estén dispuestas a acoger al dictador libio, que podría derivar en nuevas protestas ciudadanas y, por tanto, convertirse en un nuevo foco de inestabilidad interna.

Existe una cierta tendencia a vincular el fin del conflicto armado en Libia con la marcha de Gadafi y su prole. No obstante, efectivos de inteligencia occidental consideran que el abandono del guía no es suficiente para poner fin a la guerra. Varias tribus y miles de hombres bien armados no cesarían de batallar contra las huestes del CNT, por miedo a las represalias de estos una vez se encuentren en el poder.