Cataluña contra los centros de culto islámico

El pueblo de Salt, en Girona, que hace algunos meses fue escenario de violentos enfrentamientos entre oriundos y colectivos inmigrantes, quiere paralizar durante un año la concesión de licencias para centros de culto. La medida llega un año después de la paralización de la construcción del oratorio de Lleida. Precisamente, además, Salt fue el primer municipio en el que se prohibió el uso del velo integral y donde el partido xenófobo Plataforma per Catalunya (PxC) es más fuerte que en ninguna otra localidad catalana.

A las autoridades les queda el difícil papel de mediar entre el racismo y el fanatismo“, confiesa un vecino de Salt. Si hace unos días PxC expulsaba de sus filas a una diputada en Salt por tener novio camerunés, hoy el ayuntamiento cede ante las presiones de partido de extrema derecha y pone todos los obstáculos posibles para evitar la construcción de una mezquita. A la vez que prohíbe un templo evangelista.

Las organizaciones magrebíes Al Hilal y Magribins per la pau (Magrebíes por la paz) tienen comprado desde hace seis meses un terreno de 900 metros cuadrados en el polígono industrial de Torremirona con la finalidad de construir aquí un oratorio. Pero con la nueva medida que pretende tomar el alcalde de Salt, Jaume Torramadè, que impone presentar un proyecto antes de septiembre, se les hace casi imposible llevar a buen puerto su iniciativa.

Según Torramadè, “es necesario evaluar si es una buena decisión trasladar los centros de culto a un polígono industrial”. Sin embargo la comunidad musulmana es unánime.“Estas decisiones están relacionadas con la mayor presencia de las corrientes islamistas más radicales en Cataluña, especialmente en Lleida y Salt”, explica Ahmed, miembro de una asociación marroquí que lucha por la laicidad desde Cataluña, y cuyo verdadero nombre prefiere mantener en el anonimato.

Occidente está enfermo y debemos propagar el Islam para sanearlo”, pronunciaba ante cerca de 250 personas en un sermón después del último rezo del día Mohamed Talib, teólogo marroquí de Larache invitado a Lleida para llevar a cabo uno de los rezos del mes de ramadán. “Desde que empezó ramadán voy a rezar al garaje que las autoridades han cedido a los musulmanes durante este mes. Me he dado cuenta de que ya no sólo impera el discurso salafista en Cataluña, ahora compiten con los de Justicia y Caridad*”, declara Yasín, vecino de los Campos Elíseos que asegura que Mohamed Talib pertenece a Justicia y Caridad. “Se están intentando hacer con el lugar de Abdelwahab Houzi , quien se encuentra en la Meca. El imán más polémico de España hace un gran negocio con los peregrinos durante estas fechas”, añade.

Los problemas relacionados con los lugares de culto surgieron a raíz del cierre de la mezquita de la calle Nord de Lleida, a cargo de Houzi, por el elevado número de fieles que hasta aquí acudían y que sobrepasaba el aforo permitido, además de por el impago del alquiler. Según Mohamed Halhul, Secretario general de la Federación Islámica de Cataluña, “las condiciones para abrir cualquier centro de oración son similares a las de cualquier centro cultural o de ocio, aunque en Cataluña las últimas circunstancias han hecho que se endurezcan las normas”. Según Halhul, la mezquita en sí no supone ningún problema, sino que “con la denegación de licencias, las autoridades pretenden quitar poder a determinados grupos o corrientes islamistas”, agrega.

A la espera de que la nueva medida de los ayuntamientos que dirige CiU surtan efecto, PxC ha organizado diversos asentamientos en las zonas en las que se prevé ubicar los oratorios, ya que consideran que la decisión de Torremadé se queda corta. “Pese a estar absolutamente en contra de los principios de PxC, en esta ocasión estoy dispuesto a convocar una marcha paralela si se vuelve a ceder una licencia a algún grupo salafista o de Justicia y Caridad. Queremos un Islam moderado en España y necesitamos más centros culturales”, puntualiza Ahmed.

 

* Justicia y Caridad es la principal asociación islamista de Marruecos, ilegal pero tolerada de facto por las autoridades. Entre otros, no reconocen la calidad de Mohamed VI como Amir Al Muminím o Comendador de los Creyentes, o sea, como la cabeza de la comunidad de fieles musulmanes de rito suní malekita, mayoritarios en el reino jerifiano.