Irán incauta 6.500 Biblias “peligrosas”

Más arrestos de cristianos y más Biblias confiscadas en Irán. Una minoría de cristianos que viven en el país de los Ayalotás se enfrentan a la creciente hostilidad de las autoridades. Behrouz Sadegh-Khandjani, presidente del Consejo Pastoral de la Iglesia de Irán, fue sido detenido el 17 de agosto en Rasht por los Guardianes de la Revolución mientras efectuaba una visita pastoral. Su familia desconoce los motivos de su detención, así como su paradero, y temen que no haya tenido acceso ni tan siquiera a un abogado. El pastor Sadegh-Khandjani ya había sido arrestado a principios de 2006, cuando fue acusado de “actividades contra el orden públicos”, siendo detenido al lado de otros diez miembros de su congregación durante la celebración de un oficio religioso en un domicilio particular.

A mediados de julio, un matrimonio ya había sido detenido por el mismo motivo. El hombre fue puesto en libertad apenas una semana después de su arresto, pero su esposa, Leila Mohammadi, aún permanece encarcelada. Mohammadi se encontraría en la prisión de Evin, aunque no se han facilitado detalles al respecto, impidiendo el régimen todo contacto entre la mujer y su familia. Junto a los arrestos, las autoridades han llevado a cabo varias “batidas para detectar libros peligrosos” (sic), siendo confiscadas a principios de este mes de agosto unas 6.500 Biblias que estaban siendo conducidas a través de la provincia de Zanjan, en el noroeste.

 

Amenaza cristiana

El doctor Majid Abhari, asesor del Comité de Asuntos Sociales del Parlamento iraní, ha justificado el reciente represión contra círculos cristianos asegurando que estos “tratan de engañar a la gente, especialmente a los jóvenes, llevando a cabo una campaña de propaganda para desviar a los iraníes de su verdadera fe”. Para Abhari, “el objetivo último de todas las demás religiones es fortalecer su poder para confrontar al Islam, de ahí precisamente su peligrosidad”. La conversión del islam a cualquier otra religión puede ser castigada con la pena de muerte, según el vigente código penal iraní.

El régimen lleva a cabo una represión contra los cristianos convenientemente mediatizada porque, según reconocen varios cristianos iraníes exiliados en Francia, “el cristianismo se ha convertido en una religión refugio. Muchos iraníes cambien de religión decepcionados por el islam integrista de los mollahs”. Según estos, “la conversión al cristianismo es la prueba del fracaso del régimen entre su base de creyentes y por eso Teherán hace la vida difícil a los cristianos, sobre todo a los clérigos que ofician en la clandestinidad”.

Sólo armenios y asirios son oficialmente reconocidos como minorías religiosas en la constitución de 1979, con derecho a elegir sus propios representantes y seguir sus propias leyes religiosas en materia de matrimonio, divorcio y herencia. Los demás cristianos no disponen de reconocimiento oficial. La ley exige, por otra parte, que los cristianos no adopten vestimentas distintivas, no consuman alcohol y se conformen a la separación de sexos en público, medidas que chochan frontalmente con las tradiciones de esta minoría.

Debido a las presiones políticas y socioeconómicas, los años que sucedieron a la revolución iraní estuvieron marcados por una abierta persecución al encuentro de los cristianos y latentes discriminaciones. Muchos cristianos iraníes se vieron impelidos a emigrar, sobre todo a América del Norte y a Europa Occidental. En 2000, apenas un 0,4% de la población iraní era cristiana, frente a un 1,5% en 1975.