Autoridades de Ceuta fomentan el integrismo

El presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta, el popular Juan Jesús Vivas.

La desunión es uno de los elementos más característico de la comunidad musulmana de Ceuta. Los mahometanos de la ciudad española norteafricana, que suponen alrededor de la mitad de la población, celebrarán de forma separada, un año más, la oración del Aid El Fitr, fiesta que marca el final del mes sagrado del ramadán. No consiguiendo entenderse entre ellas, las federaciones de asociaciones de musulmanes del enclave, desde 2008 convocan la oración en diferentes puntos de la urbe.

De un lado, se encuentra la Unión de Comunidades Islámicas de Ceuta (UCIDCE), dirigida por el polémico Laarbi Maateis, que ha llamado a sus adeptos a reunirse sobre la explanada militar de Loma Margarita. De otra parte, está la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas (FEERI), presididad por Mohamed Ahmed Alí, que organizará la oración en su feudo tradicional en Ceuta, que no es otro que la mezquita Sidi Mbarek.

En el origen de esta división se encuentran las opciones y afinidades de cada una de las asociaciones. La UCIDCE reprocha a la FEERI el estar demasiado influenciada por Marruecos, país que no cesa de reclamar su soberanía sobre la ciudad autónoma. Para estos, que Rabat trate de influir en la vida religiosa de los fieles musulmanes de Ceuta, mayoritariamente sunitas de rito malekita, el mayoritario en el Reino Jerifiano, a través de su ministerio de Asuntos Islámicos, que dispone de una delegación en M’Diq (El Rincón, como se le conoce popularmente en la zona), localidad aledaña a la ciudad española.

La UCIDCE demanda de la FEERI que marqué claramente su independencia con respecto de Marruecos, acusado al vecino país de “injerencia” en la vida religiosa del enclave. Para Laarbi Maateis, líder de la UCIDCE, la influencia marroquí envenena las relaciones entre los musulmanes de Ceuta, confundiendo lo que debería ser estrictamente religioso con política, por las aspiraciones soberanas de Rabat sobre el enclave.

 

La opción extremista antes que Marruecos

Para la FEERI, la influencia de Marruecos es “absolutamente necesaria”, reprochando a la UCIDCE su opción por un islam radical, alejado del rito predominante en la región. Por cuestiones puramente geográfricas y de lazos familiares, desde esta federación consideran que el islam propio de Ceuta es el marroquí. Al contrario, la FEERI denuncia la instrumentalización del islam por parte de los poderes públicos ceutíes, para contrarrestar el creciente peso de Marruecos en la ciudad autónoma, contribuyendo a en gran medida fomentar el extremismo musulmán.

La opción que representa la FEERI, de la que algunos de sus dirigentes en Ceuta se declaran abiertamente promarroquíes, ha sido relegada a un segundo plano por los poderes públicos, al estimar las autoridades que la influencia religiosa bien podría ser la antesala de un mayor peso político de Marruecos en una ciudad que Rabat considera un “presidio ocupado”. De aquí se deriva que el Gobierno ceutí, presidido por el popular Juan Jesús Vivas, haya apoyado y financiado en mayor cuantía la opción representada por la UCIDCE, vinculada con el Atablig Wa Daawa, cuya cabeza más representativa es Mateis.

La secta del tablig se instala en Ceuta en el año 1979, siendo su feudo entonces la barriada de Vicedo Martínez. Durante los últimos años, el Gobierno de la ciudad ha multiplicado las subvenciones al tablig, colocando a algunos de sus hombres en la administración local. La frontera entre el movimiento del tablig, que se dice pacifista y alejado de cualquier enfoque violento, y el yihadismo es difusa. Muchos de sus miembros han participado en acciones terroristas. Es el caso de Osama Ben Laden y Ayman Al Zawahiri, o de implicados en los atentados de Madrid como Abu Dada, Yamal Ahmidan y Yamal Sugam, o de los autores de los ataques de Londres en 2005, de nacionalidad pakistaní.

Los viajes a Afganistán y Pakistán, cuna de la secta, de miembros del tablig ceutí son recurrentes, sobre todo cuando imperaba el régimen de los talibanes. Un ejemplo es el ceutí Mohamed Lahsen, que presume de haber sido comandante muyahidín, motivo por el cual estuvo preso durante dos años en la prisión de Guantánamo. Otro es el del también ceutí Hamed Abderrahman, que viajó a Pakistán y, después de pasar por un centro formativo del tablig, acabó en un campo de entrenamiento yihadista y combatiendo en Afganistán. Fue detenido posteriormente y también recluido en Guantánamo. Además, a la mezquita de los tablig de Ceuta llegan invitados de todo el mundo. A mediados de 2008, incluso tres señores de la guerra afganos habrían pasado por el recinto, según varios testigos.

El tablig destaca por la predicación como elemento fundamental y por aplicar el Corán y la sunna del profeta Mahoma a todos los órdenes de la vida cotidiana. La presencia de los tabliges cada vez más acusada en Ceuta. De doscientas asociaciones han pasado a quinientas en un breve lapso de tiempo, con el beneplácito del gobierno autónomo. Tienen el proyecto de convertir en una gran mezquita de cuatro torres, como las que abundan en Pakistán, la que poseen en la calle Bermudo Soriano, para lo cual ya cuentan con un principio de acuerdo para la recalificación del terreno y ayuda económica del erario público de la ciudad. Y es que la estrategia de la administración Vivas no deja dudas sobre su finalidad en este dominio tan sensible, fomentando una secta radical con el objeto de parar los pies a Marruecos, que no cesa de aumentar su capacidad de influencia sobre la ciudad autónoma.