Argel pierde la batalla de Trípoli

Argelia es el único país magrebí que aún no ha reconocido al Consejo Nacional de Transición (CNT) como único representante legítimo del pueblo libio. Desde la toma de Trípoli por las milicias rebeldes, las autoridades de Argel no cesan de reiterar, una y otra vez, su “total neutralidad” en el conflicto que sacude la vecina Libia. La máxima autoridad insurgente, ya desde los primeros momentos del levantamiento, acusó a Argelia de colaborar con el régimen de Gadafi.

Fuentes de inteligencia árabes y occidentales, así como testigos sobre el terreno, han dado cuenta del envío de materiales y armamento argelinos al ejército gadafista. Y para colmo, desde el pasado viernes no cesan de circular rumores que aluden a que Gadafi habría encontrado refugio en su amigo el presidente argelino, Abdelaziz Buteflika.

Una veintena de países africanos han reconocido ya la autoridad del CNT. Otros, como Sudáfrica, no reconoce al Gobierno rebelde, que Jacob Zuma ha puesto en tela de juicio. La más reciente reunión del Consejo de Paz y Seguridad de la Unión Africana concluyó, tras horas de acalorados debates, sin otorgar su reconocimiento al CNT. “Animamos a todos los libios a formar un Gobierno transitorio de unidad”, incluido Gadafi, claro, declaró Ramtane Lamamra, presidente del mencionado Consejo.

Pero, sin duda, uno de los grandes damnificados en la región de la repentina caía de Muamar Gadafi es el régimen de Argel. Nadie en el país magrebí se esperaba un tal desenlace. Durante largos meses, los dirigentes argelinos se habían dedicado a complicar las cosas a los rebeldes de Benhazi, negándoles el reconocimiento y ayudando discretamente a su aliado de toda la vida, el derrocado dictador. Una muestra de estas tiranteces es que los rebeldes, que han llegado a asaltar en varias ocasiones los puestos fronterizos de su país con Túnez, no han osado hacer lo propio con Argelia, país con el que la frontera común es muchísimo más extensa.

 

Apuesta por Gadafi contra el CNT

Argel había apostado por la durabilidad y enquistamiento del conflicto, lo que le confería una posición estratégica, ya que todos los grandes del mundo deberían pasar obligatoriamente por Argelia para intentar “neutralizar” la amenaza que suponía un frente de inestabilidad en Libia. Los generales argelinos sobreestimaron la capacidad de resistencia de Gadafi, al tiempo que se dedicaron a enturbiar sus relaciones con el CNT. De este modo, a día de hoy no existe ningún tipo de relación – ¡Ni tan siquiera informal! – entre el Gobierno rebelde libio y el régimen que dirige Buteflika.

“La opción de Argel por el sistema de Gadafi demuestra una gran miopía, ideológica ante todo, que pone en evidencia que los dirigentes argelinos no han comprendido ni lo más mínimo los cambios que actualmente sacuden el mundo árabe”, explica un antiguo ministro de Energía de Argelia. Para éste, “Argel está hoy en día acorralado, entre unos regímenes revolucionarios que aspiran a la democracia, como son Túnez y Libia, al este, y por Marruecos al oeste, un país que multiplica los signos de apertura política y se posiciona como un modelo democrático para la región”.

La huida de Muamar Gadafi supone un revés para Buteflika, que aspiraba a situar a Argelia como potencia regional, un escenario que definitivamente se ha venido abajo. El país del millón de mártires hoy es objeto de las críticas, cuando no de las condenas, de un buen número de opiniones públicas, árabes y occidentales, presentándose como régimen de otra época, impermeable al cambio. “Los generales se han disparado ellos mismos en el pié, siendo víctimas de su propio juego. Al perseguir mantenerse en el poder, cueste lo que cueste, consideraron que también debían hacer durar su entorno, del que Gadafi era una pieza clave y fundamental. Un craso error que seguramente pagarán caro”, destaca un diplomático occidental destinado en Argel.

Un comentario sobre “Argel pierde la batalla de Trípoli

  • el 03/09/2011 a las 11:22
    Permalink

    Buen estilo de narrar los hechos cotidianos, pero Argelia no tenia mas remedio que ayudar a Gadafi, no es miopía o falta de visión sino una incapacidad flagrante de proyectarse en el futuro de la región que indudablemente va hacia una apertura total económica social y política que toma como punto de partida a los modelos del norte, yo diría que la primavera revolucionaria debe continuar si Argel, puesto que esta ultima se excluye cada vez que cambios se divisan en el horizonte.

Comentarios cerrados.