Otoño electoral en España y Marruecos: Horizonte compartido de reformas. Por Mostafa Ammadi*

Escuchar, hacer, explicar es el lema de la campaña a la presidencia española por parte del ex Ministro de Interior y ex Vicepresidente el socialista Pérez Rubalcaba, una campaña que se presenta en unas circunstancias bastante difíciles para la economía española. Mientras, una reflexión de antropología urbana: en las grandes ciudades españolas antes de la actual crisis se leía en algunas calles del centro el anuncio “Se compra ORO”, hoy estos célebres letreros amarillos proliferan en todas las esquinas expresando de forma elocuente una fórmula rápida de salir al paso de los problemas de las familias gracias a la venta del vil metal. Sin duda, puede ser una solución al alcance de la gente sencilla, que prefiere vender sus joyas y recuerdos entrañables a bajo precio, ya que es imposible confiar en los bancos. Engañar, deshacer, confundir es el verdadero eslogan que del sistema financiero y las políticas erráticas reciben en la actualidad los españoles.

Ante esta grave situación el Presidente del Gobierno se ha plegado finalmente a las necesidades de los españoles haciendo gala del “más vale tarde que nunca”, y la noticia del adelanto de las elecciones para el 20 de noviembre ha supuesto un bálsamo incluso para los vecinos europeos. La situación económica y política requiere hoy en España un gobierno con pleno respaldo de la ciudadanía. Es por ello que los próximos comicios se esperan como agua de mayo por una sociedad consciente de la necesidad de reformas. El horizonte electoral no ha evitado a la rentrée de las vacaciones -de este verano ramadanesco que acabamos de celebrar- que los españoles miren con inquietud los gastos de la vuelta al colegio y al trabajo. Tampoco el anuncio electoral ha eliminado de las calles la presencia de los indignados, que continúan exigiendo soluciones. El próximo noviembre los españoles quieren votar, elegir y renovar a los responsables, necesitan profesionales que puedan solucionar de verdad el lío en el que está metida toda la sociedad sin haberlo buscado. Demasiada clase política. El descontento general es tan grande que los pequeños empresarios dicen estar acostumbrándose a vivir bajo la espada de Damocles. Entre esta resignación y la rabia que manifiestan los indignados –con sus carteles y camisetas “yo cambio, tú cambias, él cambia”- existe una mayoría ya no tan silenciosa que sonríe con cierto escepticismo al hablar de las próximas elecciones.

En este verano que acaba de pasar, con tantas canciones en verbenas y bailes populares, ¿habrán sido tan eficaces como otros años los inspectores de la SGAE -Sociedad General de Autores Españoles, que algunos en la red llaman Sociedad General de Autores Estafadores-?. Quizás no han actuado con la rigurosidad y el celo de otras fiestas patronales o privadas, lo cual ha sido un respiro para todos, y es que la crisis se lleva por delante lo que parecían bastiones intocables de las instituciones y agentes culturales, como la citada titular de la sede del bello edificio modernista de Madrid. Algunos parlamentarios, ajenos a la importancia de impulsar con fuerza la cultura en tiempos de crisis -ya sea la cultura digital o la convencional- se centran en debates banales sobre la conveniencia de llevar o no corbata en el Parlamento, debate empobrecedor e impensable en Europa.

Los españoles y los marroquíes abren después del verano un trimestre de incertidumbre, ya que el anuncio de las elecciones el 25 de noviembre en Marruecos (en España el día 20, sólo cinco días antes) sitúa a ambos países en situaciones análogas. Bien es cierto que la clase política marroquí precisa de más madurez política, pero eso no resta ilusión a una sociedad que está concienciada y movilizada para llevar a cabo reformas urgentes. Tanto el discurso Real del 9 de marzo como la nueva constitución votada y aprobada llenaron de ilusión y de esperanza a los ciudadanos marroquíes, miles de personas salieron a las calles de forma espontánea celebrando la apertura a una nueva época llena de promesas sociales. El llamado movimiento 20 de febrero –emulado en cierta forma por los indignados españoles- no son ya los únicos en manifestarse a viva voz, sino que la gente expresa abiertamente su satisfacción por poder participar en unas elecciones en las que han depositado muchas expectativas más allá de vacuas promesas, repetidos lemas y vacíos eslóganes políticos.

* Mostafa Ammadi es profesor universitario.