Las radios españolas invaden Argelia

Era sabido que, con la llegada del buen tiempo, las ondas de las radios españolas atravesaban con facilidad pasmosa el estrecho de Gibraltar para adentrarse en territorio marroquí. Si bien en este país, a través de la onda media, todo el año se pueden sintonizar emisoras españolas, como Radio Nacional de España (RNE) o la Cadena Ser, entre otras, en verano también la frecuencia modulada (FM) marroquí se ve invadida por la programación radiofónica proveniente del Estado ibérico. Y no sólo en el norte, en ciudades como Tánger o Tetuán, sino que en la propia capital, Rabat, y en Casablanca, varios cientos de kilómetros al sur de la ciudad del Estrecho, los locutores y ritmos españoles se llegan a escuchar con una claridad meridiana.

No era tan común, sin embargo, que las ondas radiofónicas de procedencia hispana llegaran hasta Argelia, país mucho más alejado geográficamente que el vecino marroquí. Pero este año, desde que dio comienzo el buen tiempo, allá por el mes de mayo, son varias las zonas de la República de Argelia que se han visto invadidas por las radios españolas. Incluso en Cabilia, al este, lo que más abunda en los transistores son los programas de radios extranjeras, españolas e italianas sobre todo, que impiden incluso a los radioyentes acceder a sus emisoras favoritas. “Bienvenidos Radio Málaga” o “Cadena Cope, informaciones de las 13 horas” se han convertido en fórmulas familiares en la FM argelina.

Ya sea en sus casas, en la playa o en el coche, las emisoras de Palma de Mallorca o del Levante español son omnipresentes en los transistores argelinos. Un hecho que agrada a aquellos que entienden el español y que aprecian la mayor calidad de los programas ibéricos, sobre todo los musicales, en comparación con los productos radiofónicos argelinos. Al contrario, para aquellos que no comprenden el español, es grande la frustración de no poder oír su cadena favorita y sí, por ejemplo, Onda Cero o Punto Radio. En un país donde la retórica anticolonial se encuentra a flor de piel, no ha faltado quien ha invocado una “nueva invasión europea”. Una invasión, eso sí, de guante blanco en esta ocasión, ni más ni menos que a través de las ondas radiofónicas.