Yihadistas se imponen entre rebeldes libios

Occidente se muestra inquieto ante el rol de primer orden que los combatientes islámicos desarrollan en el seno de la rebelión libia. Extraoficialmente, tanto Washington como París han hecho llegar al Consejo Nacional de Transición (CNT) sus reticencias al respecto del protagonismo alcanzado por veteranos de Al Qaeda en los frentes afgano e iraquí. Los máximos dirigentes del CNT reiteran, una y otra vez, que no existe ningún tipo de vínculo – al menos formal – entre la insurgencia libia y la internacional terrorista fundada por el saudí Osama Ben Laden. ¿Está realmente presente Al Qaeda en las milicias rebeldes? ¿Combaten mano a mano yihadistas y fuerzas de la OTAN? Si es así, ¿qué intenciones alberga la organización extremista? ¿Es Libia la punta de lanza del radicalismo islámico para la instauración del anhelado califato universal que promueve Al Qaeda? “En medio del caos actual que vive Libia, los radicales pueden prosperar y, poco a poco, imponer sus dictados a través de las armas, ya que si se instaura una verdadera democracia corren el riesgo de ser marginalizados”, considera un anónimo ex agente parisino de la Dirección de Vigilancia del Territorio (DST, en sus siglas en francés).

Hasta el momento no han trascendido demasiados detalles sobre la identidad de la cuarentena de personas que componen el CNT. Este secretismo se justifica por cuestiones de seguridad, ya que se trata, fundamentalmente, de antiguos militares y hombres políticos próximos a Muamar Gadafi. Como ejemplo, el propio Mustafa Mohamed Abdeljalil, número uno del CNT, quien durante años fue ministro de Justicia de Gadafi. Entre otros, estuvo directamente implicado en el asunto de las enfermeras búlgaras y el médico palestino falsamente acusados de inocular a cientos de niños el virus del VIH. En un juicio amañado, sin garantías de ningún tipo, la Corte de Apelación, entonces dirigida por Abdeljalil, confirmó en hasta en dos ocasiones la pena capital al encuentro del galeno y las enfermeras. “Entre los miembros del CNT ha varios antiguos miembros de Al Qaeda, islamistas que tienen cuidado de no mostrarse demasiado en público”, aseguró recientemente a un medio francés Yves Bonnet, ex director de la DST. Para Bonnet, “es demasiado prematuro tachar de ‘democrático’ al CNT, a la luz de todos estos elementos sospechosos que acoge en su seno”.

La presencia de elementos extremistas en las filas del ejército rebelde es acusada, como han revelado diferentes fuentes de inteligencia árabes y occidentales. Un agregado militar británico destinado en una embajada en el Magreb consultado por Correo Diplomático considera que “las autoridades de transición no tienen otra opción que la de componer con los radicales, mucho más expertos en cuestiones bélicas y que, por tanto, asumen la dirección de numerosas brigadas”. Afganistán, Pakistán, Chechenia o Irak, los yihadistas se han impuesto naturalmente como jefes militares sobre el terreno, al lado de otros muchos combatientes sin entrenamiento, ni formación, ni experiencia de combate. En su mayoría son miembros del Movimiento Islámico de Libia para el Cambio (Al-Haraka Al-Islamiya Al Libiya Lit-Tahghir), heredero del Grupo Islámico Combatiente Libio (GICL), fundado a principios de los años noventa por los muyahidines libios que acudieron a Afganistán para liberar al país asiático de la ocupación soviética dando lugar a la matriz de lo que posteriormente sería Al Qaeda.

 

Un emir yihadista al mando

El mayor exponente de la corriente extremista tan presente entre los rebeldes es el jefe del consejo militar de Trípoli, Abdel Hakim Belhadj, conocido como Abu Abdullah al-Sadeq. Veterano de Afganistán, ex miembro de Al Qaeda y miembro fundador del GICL, en 2004 Belhadj fue detenido por la CIA y entregado a las autoridades libias. Según aseguran algunos de sus ex compañeros de armas a través de los foros yihadistas que abundan en Internet, Belhadj es “un fino estratega y un aguerrido combatiente”. A él se le atribuye buena parte del éxito en el periplo del ejército rebelde desde Jebel Nefusa, en la frontera con Túnez, hasta la victoria en la capital. Al igual que otros muchos disidentes árabes islamistas de la época, Belhadj buscó refugio en Afganistán en 1990. Allí mantuvo relaciones directas con Osama Ben Laden pero, siempre según sus ex compañeros de armas, éste no se mostraba partidario de la campaña de Al Qaeda contra Occidente, mostrándose mucho más preocupado por organizar un movimiento en el interior de Libia para derrocar a Gadafi y erigir un Estado islámico en el país magrebí. Tras la invasión estadounidense de Afganistán, Belhadj huyó a Irán y más tarde hacia el sudeste asiático, donde se cree fue detenido en una operación del ejército norteamericano, siendo posteriormente entregado a Libia en circunstancias poco claras.

Cuando en 2007 se hizo oficial la fusión del GICL con Al Qaeda, dando lugar a la rama magrebí de la organización, Belhadj y otros dirigentes yihadistas libios encarcelados rechazaron la medida. En el marco del programa de reconciliación política promovido por Seif El-Islam Gadafi, Belhadj y otros presos yihadistas iniciaron una serie de conversaciones con el Gobierno en 2007, con vistas a su liberación. El veterano de Afganistán y los suyos renunciaron públicamente a la violencia en 2009, un paso fundamental para su definitiva puesta en libertad, el 23 de marzo de 2010, junto a decenas de otros presos yihadistas. Son estos amnistiados, precisamente, los que conforman la columna vertebral de la resistencia y su principal brazo armado, recibiendo el espaldarazo de Al Qaeda en el Magreb Islámico el pasado 24 de febrero, cuando la organización dirigida por el argelino Abdelmalek Drukdel dijo estar al lado del pueblo libio en su insurrección contra el “tirano Gadafi”. A la luz de su peso e influencia, analistas y observadores se preguntan cuál es el objetivo último de este colectivo radical y, sobre todo, cuánto tardarán en exigir cambios en la hoja de ruta del CNT.