Polonia: La nueva cara de la prostitución

Paco Soto. Varsovia

Hace cuatro años una joven realizadora polaca, Katarzyna Roslaniec, detectó por primera vez a un grupo de chicas jóvenes en un gran centro comercial de Varsovia. Las siguió y pudo dialogar con ellas tras pedirles un cigarrillo. Supo entonces que estas jóvenes, que iban vestidas con botas de látex hasta los muslos, venden sus cuerpos a cambio de ropa cara, teléfonos móviles, zapatos, un perfume Chanel o una cena en un restaurante de lujo. La mayoría de ellas son adolescentes, tienen entre 14 y 18 años, no piden dinero a los clientes, que mayoritariamente suelen ser hombres de clase media y de edades que varían entre los 35 y los 55 años. Realizan el acto sexual en los servicios de grandes centros comerciales. Ofrecen sexo rápido, sin amor ni caricias, frío y brutal.

Roslaniec siguió a estas jóvenes durante unos seis meses y conversó con algunas de ellas a través de Grono.net, el equivalente polaco de Facebook. Pudo contactar con docenas de jóvenes que se prostituyen de la misma forma. El resultado de este intenso trabajo de campo es una película dramática, ‘Galerianki’, o ‘Chicas del centro comercial’, la ópera prima de esta joven e inquieta directora polaca. El filme se estrenó en Polonia en 2009 y en julio de 2010 ganó el premio la Luna de Valencia a la Mejor Película en la Sección Oficial de Largometrajes del XXV Festival Internacional de Cine Cinema Jove de la capital del Turia. ‘Galerianki’ creó una enorme polémica en Polonia, un país muy conservador y donde una parte importante de la sociedad se resiste a abordar cuestiones como las que retrata Roslaniec en su largometraje.

La realizadora, que estudió Ciencias, Economía y Derecho en la Universidad de Gdansk antes de dedicarse a estudios de realización en la prestigiosa Escuela de Cine de Varsovia, ha removido las aguas turbias de la doble moral e hipocresía social en Polonia y puesto de manifiesto las miserias materiales y morales que sufre el país centroeuropeo. También ha conmovido el corazón de algunos ciudadanos, como le ocurrió, tras ver la película, a Maria P., una socióloga de 34 años que lleva un año trabajando con jóvenes prostitutas como las protagonistas de la película ‘Galerianki’.

 

Nueva generación

Maria, que no quiere que se publique su nombre completo, porque, según dice, “el anonimato facilita mi trabajo con estas adolescentes”, está indignada porque, según ella, “la sociedad polaca se niega a darse cuenta que no somos diferentes del resto de Europa”. Maria ha citado a este corresponsal en el gran centro comercial de Zlote Tarasy de Varsovia, una mole de cemento y techo de vidrio empotrada entre la estación central y el estalinista Palacio de la Cultura, en pleno centro de la capital. Zlote Tarasy alberga centenares de tiendas modernas, entre las cuales se encuentran algunas españolas como Zara y Mango, cafeterías, restaurantes, heladerías, cines, y todo tipo de actividades de ocio.

Este gran centro del derroche es siempre un hervidero de gente, jóvenes y adultos, de lunes a domingo. Los polacos, que han olvidado los tiempos comunistas de penuria y largas colas ante tiendas vacías, son hoy tan consumistas como el resto de los europeos. “Los jóvenes prefieren ir a estas catedrales del consumo que a misa los domingos, y algunos, sobre todo chicas, están dispuestos a cualquier cosa por conseguir ropa de marca o zapatos italianos”, explica Maria. Estas adolescentes descubren la vida de lujo que les gustaría tener a través de los escaparates de las tiendas. Pertenecen a una nueva generación que después de 22 años de capitalismo no quiere oír hablar del pasado, y han convertido el consumismo sin límites en una ideología y un modo de vida.

 

Jóvenes de clase media

Maria explica que no todas las jóvenes que se dedican a vender su cuerpo en los grandes centros comerciales proceden de sectores marginales de la sociedad. Las hay de clase media, que van bien vestidas, estudian en colegios privados y tienen teléfonos móviles caros. Son guapas y elegantes y han tenido una infancia feliz. Entonces, ¿por qué se dedican a eso?, pregunta el periodista. La socióloga contesta que a estas jóvenes “les gusta la ropa cara, llevar un bolso bonito o asistir a los mejores conciertos de la capital. Hay muchos hombres dispuestos a pagar. La sociedad es muy consumista. El que no accede al consumo es apartado de un manotazo por los más competitivos”.

La cineasta Katarzyna Roslaniec piensa que las jóvenes de los centros comerciales son “hijas del capitalismo. Los padres se han perdido en la carrera tras una nueva lavadora o un automóvil y están en casa muy rara vez”. Según un estudio llevado a cabo por el Defensor del Menor en Polonia, 20% de las prostitutas adolescentes venden su cuerpo por ropa de diseño, modernos aparatos o entradas para conciertos. Algunos expertos creen que la cifra es mayor.

Otros estudios apuntan a que entre las jóvenes mayores de edad, con una media de 24 años, hay unas 100.000 que se dedican esporádicamente a la prostitución a cambio de regalos. Algunas tienen un buen trabajo, pero buscan una relación con un hombre de negocios que les pueda ofrecer un coche deportivo, joyas, vacaciones en hoteles de lujo, ropa de marca, buenos restaurantes… La inmensa mayoría de las adolescentes prostitutas de los centros comerciales no están al corriente de los estudios sociológicos, ni les interesa. En su mundo, hoy por hoy, no hay lugar para los sentimientos, tan sólo para el consumo desenfrenado y los fríos cálculos.