Argelia promueve el independentismo tuareg para desestabilizar al nuevo poder libio

Los dirigentes argelinos no terminan de asumir la debacle del coronel Muamar Gadafi. Desde el inicio de la contienda bélica en Libia, Argel no ha ahorrado esfuerzos para ayudar al dictador del vecino país. Según un antiguo ministro argelino, “incluso si el coronel no ha hecho la vida fácil a los generales argelinos, sobre todo en el Sahel, es cierto que siempre supo mostrarse como un aliado leal en determinados momentos”. En la mente de este ex ministro, entre otros, la ayuda de Gadafi al régimen argelino durante la guerra contra los islamistas del Frente Islámico de Salvación, durante la década de los noventa.

En África, aunque con agendas sustancialmente diferentes, los dos países perseguían prácticamente los mismos objetivos, al igual que en el Magreb, donde la Libia de Gadafi y la Argelia de los generales constituían, de facto, una alianza que ambicionaba dictar su ley a los demás estados de la región. Argelia se niega a reconocer el poder del Consejo Nacional de Transición (CNT). Así lo han entendido, alto y claro, los miembros del CNT, tras las declaraciones de Murad Medelci, ministro argelino de Asuntos Exteriores, en las que este condicionó el reconocimiento del nuevo poder de Trípoli a la inclusión en el mismo de “todas las sensibilidades libias”.

Instigados por el argelino Departamento de Inteligencia y Seguridad (DRS, en sus siglas en francés), miles de combatientes tuareg se han replegado hacia Ghadames, en la frontera libio-argelina. Según fuentes diplomáticas en Túnez, el DRS intenta desde hace casi dos semanas incitar a los tuareg a no adherir el nuevo poder libio. Además, Ghadames ha sido escenario de violentos enfrentamientos entre las fuerzas del CNT y milicianos tuareg. Según estas mismas fuentes, Argelia estaría intentando recrear una suerte de Frente Polisario Bis, animando de este modo un movimiento secesionista tuareg que el sudoeste libio. Ex miembros de la Dirección General de la Seguridad Exterior francesa confirman una tal eventualidad, considerando que “sería un buen modo de mantener a raya al nuevo régimen de Libia”.

En definitiva, Argel teme una Libia democrática y poderosa económicamente, en la que los islamistas moderados jueguen un rol primordial. Sobre todo en un momento en que Túnez también quiere avanzar hacia una nueva configuración de poder, alejándose cada vez más del vecino argelino, que sigue sin mostrar la más mínima intención de rebajar la tensión sobre su irreconciliable vecino del este, Marruecos.

“El poder argelino, totalmente impermeable a la reciente realidad geoestratégica regional, no consigue esbozar una línea coherente de conducta”, explica un alto responsable francés muy al corriente de lo que ocurre entre las bambalinas del poder argelino. Para éste, “en Argelia el poder se ha visto sobrepasado por los acontecimeintos, fundamentalmente por la vejez de la clase dirigente, con una presidente Buteflika muy enfermo y los generales Tufik Mediene, jefe de la DRS, y Ahmed Gaïd-Salah, jefe de Estado-Mayor del ejército, con más de setenta años de edad cada uno”.