EE UU mata a reo sin pruebas concluyentes

 

Troy Davis es una de las raras personas que sabe con exactitud la hora, el día, la hora, el modo y el lugar de su muerte: A las 7h de la tarde del 21 de septiembre, por inyección letal, en la cárcel de Jackson, en el Estado de Georgia. Ni la UE, ni las asociaciones pro derechos humanos, ni el ex presidente estadounidense Jimmy Carter, ni tan siquiera el Papa Benedicto XVI, han conseguido persuadir a las autoridades de Georgia para que al reo se le conmutara la pena capital por la cadena perpetua. “Tuvo suficiente tiempo para demostrar su inocencia, y no es inocente. Hay unas leyes en este país ideadas para que no reine el caos. No mataremos a Troy porque nos dé la gana. Lo que queremos es que se le ejecute porque ese es su castigo”, declaró la mujer del policía supuestamente asesinado por Davis.

En 1989, el agente McPhail fue abatido a tiros en el parking de una hamburguesería de la localidad de Savannah. El policía, padre de dos hijos, se encontraba fuera de servicio y acudía a rescatar a un mendigo que era atacado. Una de las personas que se encontraban en la escena del crimen era Davis, que fue detenido en el acto. Desde entonces, las versiones de los testigos han ido variando constantemente. Incluso uno de los que acusa directamente a Davis del crimen llego a confesar en una fiesta, después de haber injerido alcohol, ser él mismo el autor material del crimen. Pese a todo ello, a la corte de justicia no le tembló la voz a la hora de condenar a Davis a la pena de muerte.

 

Irán y EE UU, un mismo castigo

Hace unos meses, la prensa internacional se solidarizaba unánimemente con Sakineh Ashtiani, la mujer iraní condenada a morir lapidada por haber cometido un adulterio. Las autoridades iraníes fueron tajantes. Había que matar a Sakineh, exactamente como contempla la ley del país para estos casos. Irán, uno de los países más autoritarios del mundo, y Estados Unidos, uno de los países más democráticos, ¿Cómo es posible que compartan una misma praxis judicial? Mientras Sakineh aun tiene esperanza, por la presión internacional que recibe el Gobierno de Ahmadineyad, Troy Davis morirá hoy sin ninguna esperanza de que su pena sea revocada.  Y lo que es peor, pasará la noche sabiendo que es la última de su vida, sin pruebas definitivas de que el hombre que desde 1989 permanece entre rejas y que va a ser asesinado por el Estado de Georgia sea el autor del asesinato del agente McPhail.

Una de las promesas electorales de Obama antes de acceder a la Casa Blanca fue, precisamente, abolir la pena de muerte y cerrar Guatánamo, donde tantas torturas se han infligido sobre personas que han resultado ser inocentes. A día de hoy, la cárcel creada para acabar con el terror islamista aún sigue existiendo. Sin hacer críticas al sistema americano, Europa considera una atrocidad lo que sucede en Irán. Pero, ¿en qué se diferencia el caso de Sakineh del de Davis? Las familias de ambos condenados padecen el mismo sufrimiento, la justicia ha dado el mismo veredicto y dos personas serán asesinadas. La primera, bajo normas impuestas por la religión. El segundo, por leyes constituidas democráticamente. Tanto unos como otros coinciden en que la mejor de las justicias es pagar con la misma moneda. El asesinato es la justicia.