Misterioso intento de suicidio de Leila Trabelsi

Karim Douichi. Rabat.

 

 

La segunda semana del mes de agosto, la familia cercana del ex dictador tunecino, Zine El Abidine Ben Ali, que vive con él, se instala en Abha, en la provincia de Asir. Unos días antes, el príncipe Nayef Bin Abdelaziz, ministro de Interior y amigo de larga fecha de Ben Ali, decide acordar un favor a éste, permitiéndole cambiar Jedah, la sofocante y húmeda capital saudí, por Abha, donde la temperatura es más clemente y el aire mucho más seco. Ben Ali, que después de su huida de Túnez consagra buena parte de su tiempo a la lectura y a la oración, se muestra contento de abandonar el viejo palacio del rey Fahd por un chalet mucho más agradable. No ocurre lo propio con Leila Trabelsi, la esposa del derrocado presidente tunecino.

La que fuera peluquera y que en apenas 20 años se convirtió en la “regente de Cartago”, no está está nada a gusto en el aislado chalet de Abha. En realidad, a Leila Trabelsi no le gusta nada la vida en Arabia Saudí, caracterizada por una austeridad moral que choca frontalmente con su personalidad. Ella, que pensaba que su estancia en el país árabe iba a durar apenas unas semanas, se desespera más y más a medida que pasan los días, las semanas, los meses. Según algunos de sus familiares, Leila proyectaba establecerse en Dubai, un lugar más acorde con su forma de vida, y efectuar continuos viajes a Libia donde, además de pasar una temporada al lado de su amiga Aicha Gadafi, pensaba que podría fomentar una contra revolución en su propio país, Túnez.

 

Entre Dubai y Libia

Sus planes se vinieron abajo a causa de otra mujer. La princesa Haya de Jordania, esposa del jeque Rachid Bin Al Maktoum, emir de Dubai, opuso su veto categórico a la llegada de la ex primera dama tunecina, cuya reputación de “ladrona de hombres” era de sobra conocida. Y como las desgracias nunca vienen solas, ni tan siquiera su refugio libio se mantuvo como tal y una revuelta sangrienta terminó por debilitar a Muamar Gadafi y derrumbar los cimientos de su Jamahiriya. Los planes de Leila Trabelsi de van completamente al traste.

En paralelo, en el seno de la pareja Ben Ali, las relaciones se deterioran rápidamente. El derrocado presidente ya no es el marido dócil y amante de antaño. Después de lo ocurrido, Ben Ali ha cultivado en él un odio hacia su esposa que deriva, en recurrentes ocasiones, en insultos, gritos y humillaciones a su encuentro, incluso delante del personal doméstico o los raros invitados que la pareja todavía recibe. Además, los Ben Ali duermen en habitaciones separadas desde hace meses. Y, a pesar de los ruegos de Leila, quien querría recobrar su libertad y buscar un nuevo buen partido para continuar con su elevado tren de vida y excesos, el antiguo dictador tunecino rechaza de plano el divorcio.

 

Escenificación de un suicidio

“Es muy ambiciosa y una gran vividora. No se ve ella a ella misma terminando sus días al lado de un ex presidente envejecido y senil. Ella, que quería ser la primera presidente del mundo árabe”, confiesa entristecido un miembro del clan Trabelsi, que conoce a Leila desde hace una cuarentena de años. Según esta misma fuente, la idea del suicidio se ha instalado con fuerza en la cabeza de la ex primera dama tunecina. “Pero Leila se ama demasiado a sí misma como para atentar contra su vida. Es posible que únicamente haya querido importunar a sus anfitriones saudíes y obligarlos a expulsar a la familia de Ben Ali hacia Emiratos Árabes Unidos”, estima un próximo del derrocado presidente tunecino.

Una fuente médica saudí ha revelado que la cantidad de veneno absorbido, así como la naturaleza del mismo, no habrían podido nunca matar a Leila Trabelsi. Para colmo, la ex primera dama no esperó ni tan siquiera a la noche para poner fin a sus días, atentando contra su vida en pleno día, en presencia de varias personas. Esto le habría permitido, evidentemente, ser llevada rápidamente a urgencias, en caso de necesidad. Los saudíes, que consiguieron guardar el intento de suicidio en secreto durante un par de semanas, ahora saben que, contrariamente al resignado Zine El Abidine Ben Ali, su mujer es un huésped muy molesto y una fuente potencial de enormes problemas.