Schengen retrasa el ingreso de Rumanía y Bulgaria

Paco Soto. Varsovia.

 

 

El espacio de Schengen rechazó de nuevo el ingreso de Rumanía y Bulgaria por considerar que ambos países, que son socios de la Unión Europea (UE) desde enero de 2007, no están capacitados para ser miembros de este grupo de 25 Estados que desde 1985 garantiza la libre circulación de 400 millones de ciudadanos del Viejo Continente. Bucarest y Sofía han hecho esfuerzos por frenar la corrupción y modernizar el Estado, pero no han podido ingresar en el espacio Schengen, porque Francia y Alemania ponen en duda su capacidad para controlar sus fronteras y hacer frente a las redes de inmigración clandestina, al crimen organizado y la corrupción.

Un sólo rechazo es suficiente para bloquear una nueva adhesión a Schengen, y en esta ocasión la oposición a Rumanía y Bulgaria vino sobre todo de Holanda, durante una reunión de los ministros del Interior de la UE celebrada en Bruselas. En la anterior reunión de ministros de Interior, Francia, Alemania, Holanda y Dinamarca frenaron la adhesión. “Nuestra posición es clara. No somos favorables a una adhesión (de Rumanía y Bulgaria) en este momento”, declaró el titular holandés de Interior, Gerd Leers, quien no ocultó que “tenemos que tener total certeza de que el logro de Schengen sea plenamente asumido, sobre todo en el terreno de la lucha contra la corrupción y el crimen organizado”.

Finlandia también expresó su rechazo. Europa teme que el ingreso de los dos países balcánicos en Schengen aumente la presión sobre la frontera greco-turca y que la costa búlgara del Mar Negro se convierta en un blanco de la inmigración clandestina. El ministro del Interior polaco, Jerzy Miller, cuyo país preside la UE, lamentó el rechazo.

 

Enfado rumano

El presidente de Rumanía, el conservador Traian Basescu, expresó su convicción de que Holanda rechaza a su país y Bulgaria por miedo a la ultraderecha populista, que goza de un fuerte apoyo político y electoral en la nación de los tulipanes, y advirtió que “no se puede sacrificar una política de consolidación europea para satisfacer a los extremistas”. Los Gobiernos de Emil Boc en Rumanía y de Boiko Borisov en Bulgaria sostienen que Europa retrasa el ingreso de sus países en Schengen por cuestiones políticas y electorales y la opinión pública de ambos Estados es cada vez más euroescéptica.