Putin refuerza su poder en Rusia

Paco Soto. Varsovia.

 

 

El presidente de Rusia, Dimitri Medvédev, anunció recientemente que el primer ministro del país, Vladimir Putin, volverá a ser candidato a la jefatura del Estado en las elecciones presidenciales de marzo de 2012. Medvédev hizo esta propuesta en el congreso de su partido, Rusia Unida, y Putin, que es el verdadero hombre fuerte de Rusia, y ya fue presidente de 2000 a 2008, la aceptó de buena gana. “Nada nos echará del poder”, dijo Putin, que es una suerte de nuevo zar que quiere reforzar su poder en Rusia.

Vladimir Putin procede de la KGB soviética y ha colocado a muchos hombres de los servicios secretos comunistas en puestos clave. Abandonó la presidencia en 2008, porque la Constitución no permite más de dos mandatos. La elección de Dimitri Medvédev despertó esperanzas sobre un verdadero cambio democrático en Rusia. Pero muchos analistas anunciaron que los intercambios de puestos entre Putin y Medvédev no eran más que una maniobra sibilina del antiguo agente de la KGB para mantenerse en el poder y seguir controlando el país.

El nuevo zar del Kremlin asegura que quiere transformar a Rusia “en una de las economías líderes del planeta en los próximos cincos años”. Y para alcanzar este objetivo, Putin pretende modernizar la economía rusa, muy dependiente de los hidrocarburos y de la extracción de mineral. En materia de seguridad, quiere rearmar profundamente las fuerzas armadas. En el terreno estrictamente político, Putin se esforzará por mantener el sistema autoritario heredado de la URSS, que sirve a los intereses de la oligarquía económica capitalista y los poderosos aparatos de seguridad.

El anuncio de que Vladimir Putin se presentará a la carrera presidencial apenas ha provocado protestas en Rusia. Unas pocas personas con escasas banderas y pancartas en Moscú, y poco más. “Es el peor escenario que le podía pasar a Rusia. Lo único que podemos esperar es un aumento de la emigración, una fuga de capitales y el aumento de la corrupción”, declaró Boris Nemtsov, un ex primer ministro de Boris Yeltsin, a la emisora Echo de Moscú. Para Ilia Iachine, dirigente del partido opositor Solidarnost, el tercer mandato de Putin “va a provocar una crisis profunda en nuestro país durante años” Según el partido opositor Jabloko, Putin y Medvédev “quieren conservar la configuración actual durante otros 12 años”.

 

Preocupación por el futuro económico

El enroque en la cúpula del régimen ruso ha provocado esta vez algunas disidencias, como la del ministro de Finanzas, Alexeï Kudrin, que ha dimitido por sus diferencias con Medvédev y porque no quiere ser ministro de un gobierno dirigido por el actual jefe del Estado. El presidente ha aceptado la dimisión, y Putin ha sustituido a Kudrin por el tecnócrata Anton Siluanov e Igor Chuvalov, que se encargará de supervisar el bloque económico-financiero del Ministerio.

Los expertos temen que la dimisión de Kudrin desencadene una mayor huida de capitales, porque este alto cargo generaba estabilidad y confianza. Muchos inversores extranjeros no ocultan su preocupación por lo que pueda pasar en Rusia. “La dimisión de Kudrin afecta a la imagen de Rusia, que tiene unas finanzas públicas vulnerables, y la fuga de capitales podría intensificarse”, sostiene la analista financiera Tatiana Orlova. El padre de la Perestroika y ex dirigente soviético Mijaïl Gorbatchov vaticina que el regreso de Putin al Kremlin puede colocar a Rusia en un “callejón sin salida”.

 

Un hombre ‘duro’

Durante su presidencia, Putin se enfrentó con extrema dureza al terrorismo e hizo todo lo posible por debilitar a la oposición y controlar los medios. También dio carta blanca a los servicios secretos para que actuaran sin control de ninguna clase. Consolidó un poder antidemocrático en nombre de la estabilidad, pero consiguió mucho apoyo entre las emergentes clases medias y en amplias capas populares sin cultura democrática que temían por su futuro y vieron en Putin a una especie de “hombre providencial”, en palabras de uno de sus consejeros, Vladislav Surkov.

Los resultados de esta política están a la vista: periodistas asesinados, empresarios molestos encarcelados; partidos opositores mantenidos a raya; medios públicos y privados controlados por el poder; manifestantes apaleados; jueces comprados por los poderosos; corrupción por todas partes; servicios públicos en estado ruinoso, así como pobreza y enormes desigualdades sociales, y poderosas mafias controlando importantes sectores de la economía.