Codazos y zancadillas. Por Javier Fernández Arribas

 

El revuelo que estamos viviendo en España, en la Unión Europea y en buena parte del mundo coloca a los ciudadanos ante un pesimismo melancólico porque la gravedad de la crisis se incrementa exponencialmente por la falta de confianza popular en unos gobiernos que se muestran lentos, incapaces, egoístas y descarados, según los casos y circunstancias. Un fin de semana más, afrontamos las consecuencias de la lentitud en la toma de decisiones y en las negociaciones entre los responsables políticos y económicos europeos que dan prioridad absoluta a sus intereses egoístas nacionales y son incapaces de aprobar las medidas y rescates necesarios para que los descarados ejecutivos atrapados por las deudas puedan salir adelante y no causen daños profundos a otros socios y aliados.

En Alemania, la Sra. Merkel sufre una nueva derrota electoral en las elecciones regionales de Berlín y sus compañeros de gobierno, los liberales casi desaparecen del mapa berlinés. Tendremos duras presiones para conseguir que los alemanes asuman que hay que poner más dinero para rescatar a Grecia, además de la intransigencia de Finlandia o Austria. Estamos en una etapa en la que los políticos que hagan lo que deben hacer para salvar el Euro y la construcción de la Unión Europea, como paso ineludible para superar la crisis económica, pagarán, sin embargo, un elevado precio electoral. En España estamos asistiendo a una precampaña con comportamientos patéticos de quien necesita mantener el sillón o lograrlo como sea para garantizar su desahogado tren de vida.

Codazos y zancadillas entre compañeros de partido que sitúan la práctica política en un prisma de notable desprestigio ante la ciudadanía porque no se trata de una legítima confrontación de ideas y argumentos para contribuir a solucionar los problemas de la sociedad, asistimos a una criba por amiguismo, conveniencias, presiones e intereses espurios particulares. Ocurre en el bando socialista donde nunca antes había perdido tanto poder y en el bando popular donde el aroma del poder provoca ansiedades irrefrenables de personajes que pueden perjudicar notablemente la labor del nuevo gobierno, por mucho que manifiesten en alta voz su lealtad inquebrantable al poder y pretendan cobrar su inagotable asedio doctrinario al gobierno Zapatero donde no importaban los argumentos. La realidad que vivimos impone un gran acuerdo nacional, liderado por el ganador de las elecciones.