Arabia Saudí: Revolución con fondo sucesorio

 

Incluso si el reciente derecho a voto y elegibilidad acordado a las mujeres saudíes es una iniciativa ante todo simbólica, no cabe duda que esta medida marca todo un punto de inflexión en la política interna del reino árabe. Según fuentes estadounidenses consultadas por Correo Diplomático, “esta valiente decisión le ha valido al rey Abdallah Ben Abdelaziz un enfrentamiento directo con la mayoría de sus ‘hermanos’ del clan Sudeiri y con los dignatarios religiosos wahabitas, auténticas guardianes de la ortodoxia religiosa en Arabia Saudí”.

“Si el rey ha decidido violentar las cosas, a través de la concesión de derechos a las mujeres, sin que aparentemente nada lo obligara realmente a tomar una tal decisión, es porque piensa a medio plazo, en su sucesión”, confiesa nuestra fuente norteamericana. El soberano saudí, de 88 años de edad, es sabedor de que su sucesión será muy complicada. Obedeciendo a códigos familiares y tribales complejos, la dinastía saudí se encuentra hoy en una encrucijada. Mientras lo acompañe la salud y sea capaz de gobernar, el rey Abdallah Ben Abdelaziz estaría intentando preparar a un joven príncipe para sucederlo, una eventualidad a la que se opone el clan de los Sudeiri.

 

Moqrem, el elegido

Sultan, de 83 años, Nayef, de 78, y Salman, de 75, todos ellos enfermos, han perdido buena parte de su poder durante los últimos años. De este modo, el rey Abadallah ha conseguido reducir de forma acusada la capacidad de influencia de los wahabitas y sus milicias religiosas (Al Moutawaa). El soberano ha designado a la cabeza del comité encargado de elegir un sucesor tras el príncipe Nayef, al príncipe reformista Michaâl Ben Abdelaziz.

En otro orden de cosas, Nayef, ministro de Interior desde 1975, parece no controlar ya los servicios de inteligencia. Es el más joven del clan, el príncipe Moqrem Ben Abdelaziz quien, desde 2005, asume la dirección de inteligencia. Este príncipe, relativamente joven a sus 66 años de edad, habría sido el elegido por el rey para convertirse en el futuro soberano. Moqrem es muy apreciado por la opinión pública saudí, sobre todo entre los más jóvenes, no habiendo sido nunca citado su nombre en asunto alguno de corrupción. Además, Moqrem cuenta con el visto bueno de Washington. “Es un colaborado eficaz que no se pliega a los chantajes habituales”, explica a Correo Diplomático un funcionario estadounidense establecido en Doha.