Esos líderes agonizantes que nos gobiernan

 

En Harare, la información de la hospitalización del octogenario presidente Robert Mugabe en Singapur tiene a todo el mundo en vilo. Zimbawe depende, desde hace más de un año, de los altibajos en la salud de su anciano líder que, según se sospecha, padecería un cáncer de próstata muy avanzado. Cabe señalar que, más allá de los rumores que animan las húmedas noches de Harare, nada confirma – o desmiente – tales informaciones sobre las evoluciones de su presidente. Los 13 millones de habitantes del país ignoran casi todo sobre la enfermedad de su jefe de Estado. Y no son los únicos en el mundo que se encuentran en una situación similar.

Los argelinos tampoco saben qué ocurre con la salud de su máximo dirigente, Abdelaziz Buteflika. Acostumbrados durante los primeros años de presidencia de Buteflika a un presidente muy activo, alerta y de verbo fácil, los ciudadanos del país magrebí conviven, desde noviembre de 2005, con una mala copia de su líder. El septuagenario Buteflika, cuya apariciones en público se hacen cada vez más raras, aparece casi siempre cansado, cabizbajo y con el paso muy pesado. Ningún tipo de comunicado oficial ha mediado para tranquilizar a los argelinos sobre la salud de su presidente. Sólo de cuando en cuando, y siempre a través de la prensa extranjera, se enteran de la hospitalización de urgencia de su jefe de Estado.

 

Mubarak y Ben Ali

Durante años, el estado de salud de los presidentes egipcio, tunecino y libio han sido objeto de constantes rumores. Sobre el primero, Hosni Mubarak, se ha dicho que este sufriría un cáncer de páncreas, motivo por el cual fue hospitalizado durante más de un mes en una clínica alemana. Sin embargo, al contrario que lo que ocurre en Zimbawe y Argelia, los egipcios dudaban sobre la veracidad del mal estado de salud de Mubarak, al verlo jovial y radiante recibiendo a sus homólogos en Sharm El Sheikh o Alejandría. Incluso hoy, la opinión pública egipcia alberga serias dudas al ver a Mubarak tras los barrotes. ¿De verdad se encuentra éste enfermo?

Por lo que respecta al derrocado presidente tunecino Zine El Abidine Ben Ali, el misterio alrededor de su estado de salud también es total. Mientras que las cancillerías extranjeras, los ministros de su Gobierno y la prensa internacional estaban persuadidos – como él mismo, por otra parte – de que Ben Ali padecía un cáncer, el depuesto dirigente tuvo que atender a su obligada marcha de Túnez para descubrir que su enfermedad era “imaginaria”. Paradójicamente, Ben Alí perdía su cetro de poder pero recobraba la salud plena. Como posteriormente se supo, la enfermedad de éste había sido fabricada completamente por su mujer, Leila Trabelsi, que quería de este modo mantener a su esposo bajo su total influencia.

 

Arabia Saudí, un caso de libro

No obstante, de todos los casos señalados, y de otros muchos que se podrían apuntar, es Arabia Saudí la que se mantiene como un caso de libro. El reino wahabita se encuentra gobernado desde hace más de tres décadas por reyes ancianos y enfermos. Como era difícil ocultar la verdad a la vista de la apariencia de reyes y príncipes pálidos, comatosos o en sillas de ruedas, el protocolo real saudí encontró un modo de paliar semejantes evidencias: lacónicos comunicados lacónicos deseando una pronta recuperación a los “augustos enfermos”, felicitándolos de haber padecido con éxito intervenciones quirúrgicas. Nada, sin embargo, sobre la naturaleza de la enfermedad ni su gravedad. Al menos, claro está, hasta que el comunicado versa sobre la muerte del rey o príncipe en cuestión, documento en el cual sí se detalla la naturaleza de la enfermedad padecida por el – ya – difunto.