Egipto: La verdadera cara del ejército

 

“La revolución de enero en Egipto no ha llegado nunca al corazón del poder”, explica un diplomático americano en El Cairo. Con motivo de los acontecimentos de Maspero, que han provocado la muerte de 25 manifestantes coptos, la ciudadanía egipcia y los observadores internacionales parecen haber redescubireto, de repente, la auténtica realidad del ejército que, con mano de hierro, gobierna el país, sin interrupción, desde el golpe de Estado de 1952 contra la monarquía.

Algunas personalidades egipcias ya habían dado la voz de alarma, después de la destitución de Hosni Mubarak, sobre el “rol oscuro” que desarrolla en el país la institución militar. “Los generales eran parte integrante del poder de Mubarak. Todo el mundo lo sabe”, decían estos. “Además, existe un alto grado de corrupción en el seno del ejército. Los altos mandatarios, que no cesan de multiplicar sus negocios, gangrenan la economía del país”, explica un antiguo embajador occidental, hoy jubilado.

 

El poder de los generales

Los últimos acontecimientos parecen dar la razón a lo que dudan de la voluntad del ejército en dejar el poder en manos de la ciudadanía. El Gobierno de Issam Charaf no es más que la fachada tras la cual se esconde el auténtico poder real, que se encuentra en manos de los generales. Los dos hombres fuertes del país, que son Al Mushir Tantaui y el general Sami Anan, se encuentran completamente aislados de la relidad.

“Hasta fechas recientes siempre a la sombra de Mubarak, no entienden que tengan que rendir cuentas ante el pueblo de todo lo que hacen”, explica un anónimo ministro del Gobierno de Charaf, que piensa en dimitir. Según un atento observador de las evoluciones en el país de los faraones, “la última masacre contra los coptos demuestra que si el ejército está dispuesto a absolutamente todo lo que sea necesario para guardar su poder y mantener a Egipto sobre la misma senda que durante la era Mubarak”.

 

Entre militares y Hermanos Musulmanes

Diplomáticos occidentales en El Cairo aluden a un acuerdo tácito para el reparto del poder entre el ejército y los Hermanos Musulmanes. Los primeros serán los que conduzcan los grandes asuntos de Estado y aúpen a un presidente a la cabeza de la República. Por su parte, la organización islamista tendrá en sus manos la gestión local y conformarán una fuerte minoría en el seno del Parlamento. “Aquellos que se opongan a este acuerdo de principio serán barridos del camino sin contemplaciones”, se murmura en El Cairo.