Cataluña con la explotación en Marruecos

 

La ropa que emplean los funcionarios de diversas administraciones públicas catalanas son confeccionadas en cuatro fábricas de Tánger, al norte de Marruecos, donde, según ha trascendido, no se respetan los trabajadores no disponen de unas condiciones mínimas para desarrollar su actividad. Así lo ha denunciado SETEM, federación de ONGs internacionales, en un informe titulado “Made in Morocco: producción de ropa para las administraciones públicas. Trazabilidad y garantías”. SETEM, que lucha por implantar el comercio justo entre norte y sur, considera grave que la administración catalana compre ropa a empresas que explotan a las obreras.

Ante la imposibilidad de escuchar la opinión de estos empresarios del textil, las trabajadoras, siempre y cuando no se revele su identidad, han contado a Correo Diplomático que pese a que el trabajo es duro, les garantiza un ingreso muy necesario para todas ellas, además de ayudarlas a empezar a ser independientes en el seno familiar. Sin embargo, la mayoría analfabetas, desconocen que podrían trabajar menos y cobrar más.

 

Jóvenes, pobres y sumisas

A las cinco de la mañana, Mounir, de 43 años está a punto de terminar su jornada laboral. De doce de la noche a seis de la mañana, se dedica a limpiar las calles de Badalona. Catalán de origen marroquí y licenciado en pedagogía, trabaja 35 horas semanales por un salario de 1.300 euros netos, más una paga extra cada tres meses. Por los festivos trabajados recibe 130 euros de más y 20 euros por cada hora extra.

A la misma hora, Fatiha de 19 años, espera en la avenida principal del barrio tangerino de Val Fleury el transporte de la empresa textil para la que trabaja y en donde se confecciona el uniforme de Mounir. Sin estudios, Fatiha trabaja una media de nueve horas diarias de lunes a sábado por un salario de 210 euros mensuales. Y según las investigaciones en el norte de Marruecos que ha realizado SETEM, las horas extras son obligatorias y excesivas, “las obreras pueden llegar a trabajar 72 horas semanales”, señala la federación de ONGs en el informe.

Al final de la jornada, una marea de chicas, casi todas ellas vestidas con coloridas chilabas y velos, se aglutinan a las puertas del puerto urbano de Tánger a la espera de que los autobuses que las recogieron antes de que saliera el sol, las lleven a sus casas después del atardecer. “En cuanto llegue a casa, prepararé la cena y la comida de mañana. Ducharé a los niños y limpiaré la casa”, cuenta Rhimo de 34 años. Juloud, Meriem, Zineb y Fatima comparten piso con otras cuatro chicas en un barrio de la periferia tangerina. “Hemos venido de Benimelal porque otras chicas nos dijeron que en Tánger es muy fácil encontrar trabajo”, comenta Zineb, quien cree que ahora la industria automovilística está absorbiendo a muchas de estas jóvenes..

A Fatiha le parece muy poco el salario que recibe por un trabajo que le exige estar de pie tantas horas, “pero de nada sirve que yo proteste, hay millones de chicas que estarían dispuestas a venir de cualquier rincón de Marruecos para hacer lo mismo que yo, e incluso por menos dinero”. Al igual que Mounir, policías, bomberos, jardineros, además de otros barrenderos de la comunidad catalana se visten con la ropa que Fatiha y sus compañeras confeccionan en Tánger. Lo más preocupante, según SETEM, es que la administración desconozca a dónde va a parar el dinero público, y sobre todo, que con ese dinero se financie la explotación laboral en terceros países.