La UE abre la puerta a Serbia

Paco Soto. Varsovia.

 

 

La Comisión Europea (CE) decidió abrir la puerta a una futura integración de Serbia en la Unión Europea (UE) el pasado 12 de octubre. Bruselas decidió acordar el estatuto de país candidato a Serbia, lo que fue interpretado en círculos políticos y diplomáticos europeos como una forma de recompensa a Belgrado después de la detención, en mayo y julio de este año, de Ratko Mladic y Goran Hadzic, los dos últimos criminales de guerra serbios buscados por el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY).

A pesar de esta decisión favorable a Serbia, la CE puso varias condiciones para facilitar el proceso de negociación comunitaria entre Belgrado y Bruselas, como la normalización de las relaciones con Kosovo, un territorio poblado mayoritariamente por albaneses que se independizó unilateralmente de Serbia hace tres años. “Serbia ha realizado numerosos progresos en dominios importantes. A propósito de la candidatura de adhesión serbia (a la UE), la Comisión Europea decide acordar a Serbia el estatuto de candidato, pero a condición de que Serbia se comprometa de nuevo con el diálogo con Kosovo”, declaró el comisario europeo encargado de la ampliación de la Unión, Stefan Füle.

Poco a poco, Serbia vuelve a la Europa democrática. La persecución de los criminales de guerra en el conflicto que arrasó Yugoslavia y las reformas económicas, políticas e institucionales son las condiciones que ha planteado Bruselas a Serbia para negociar su adhesión a la Europa comunitaria. El camino será largo y difícil y la independencia unilateral de Kosovo, que fue reconocida por Estados Unidos y las principales potencias occidentales, le complica el recorrido a Belgrado. Pero los esfuerzos europeístas y modernizadores llevados a cabo por los actuales dirigentes serbios, con el presidente Boris Tadic a la cabeza, están dando sus frutos. El difunto Slobodan Milosevic es un recuerdo amargo para millones de serbios que han dado la espalda a los delirios homicidas del nacionalismo radical y miran a Europa con esperanza.

 

El año del cambio

La transformación de Serbia se inició en las elecciones presidenciales de febrero de 2008, que dieron la victoria Boris Tadic y mandaron a la oposición al ultranacionalista y populista Tomislav Nikolic. En estos comicios, una mayoría social expresó un no rotundo al ultranacionalismo serbio, que llevó al país a la pobreza, el abismo político y el aislamiento internacional. Desde entonces, con altos y bajos, Tadic ha sabido mantener a raya a los sectores ultras de la sociedad serbia, y gobierna con moderación y sensatez un país golpeado por la crisis y un paro que supera el 25%.

Tadic tiene que andar con pies de plomo, porque los sectores ultranacionalistas no han tirado la toalla. Para mantenerse en el candelero, los ultras, de derecha o nostálgicos del comunismo, se aprovechan de los problemas económicos y sociales, pero también del resentimiento hacia la OTAN y Europa que perdura en sectores de la población y del descontento que genera el escaso interés demostrado por la justicia internacional para perseguir a criminales de guerra de otras nacionalidades de la antigua Yugoslavia.

Muchos serbios piensan que Europa no estuvo a la altura de las circunstancias en el conflicto yugoslavo, pero apuestan por pasar la página del pasado y asumir su parte de responsabilidad en la guerra. Esta corriente social es la que representa el presidente Tadic, que tiene un apoyo considerable entre la juventud urbana y bien formada. Serbia depositó oficialmente su candidatura de adhesión a la UE en diciembre de 2009. Belgrado ha cumplido en gran medida con las exigencias de la UE. El jefe de Estado consideró que Serbia “ha pagado un precio muy alto” y “ha cumplido con sus obligaciones morales” para regresar a Europa.