No hay que marginar a Rumanía y Bulgaria. Por Mircea Kivu*

 

Rumanía y Bulgaria, que son los dos últimos países que ingresaron en la Unión Europea (UE), en enero de 2007, no han podido todavía adherirse al espacio Schengen, que facilita la libre circulación de 400 millones de europeos. Algunos países europeos se han opuesto a este ingreso, porque consideran que Rumanía y Bulgaria no están en condiciones de ser miembros de pleno derecho de Schengen. Estos países piensan que sus estructuras judiciales y policiales no están a la altura de las circunstancias y ni Rumanía ni Bulgaria podrían garantizar la seguridad de sus fronteras. De todos modos, técnicamente, creo que no es correcto decir que Europa no quiere a Bulgaria y Rumanía, porque el Parlamento europeo votó una resolución recientemente en la que recomienda la aceptación de los dos países en el espacio Schengen.

El verdadero problema son Holanda y Finlandia. En términos políticos, no son grandes potencias, sobre todo Finlandia, pero tienen capacidad legal para entorpecer el proceso de desarrollo de Schengen. ¿Por qué ambos países se oponen a que rumanos y búlgaros puedan circular libremente por Europa, como lo hacen los españoles, los franceses, los italianos o los alemanes? La principal razón es de orden político interno, sobre todo en el caso de Holanda, donde una coalición de gobierno incluye a un partido extremista y xenófobo que ha impuesto sus ideas y la decisión de impedir la adhesión de Bulgaria y Rumanía a Schengen.

Dicho esto, no creo que el enfrentamiento directo con Holanda y Finlandia sea una estrategia inteligente. Al revés, nosotros perderíamos la batalla, porque Bulgaria y Rumanía son los países más pobres de la UE y no tienen suficiente peso político. Creo que la estrategia más adecuada es que los Gobiernos rumano y búlgaro desplieguen a su diplomacia en Europa e inicien un diálogo constructivo con sus homólogos holandés y finlandés con la firme intención de convencerles de que cambien sus decisiones. El enfrentamiento abierto es absurdo y malo para todo, es muy malo para la construcción europea, que atraviesa momento delicados.

 

Doble rasero

Para mí, y para muchos rumanos y búlgaros, es muy doloroso ver que algunos países europeos nos miran con recelo e intentan marginarnos. Sí, es cierto, somos dos países muy pobres todavía, hay mucha corrupción y el Estado de derecho no funciona a la perfección. Pero no creo que la Europa más desarrollada pueda darnos muchas lecciones. ¿No hay corrupción en España, en Francia, y ya no digamos en Italia? ¿No existen problemas sociales, políticos y económicos muy grave en la Europa más desarrollada? Por supuesto que sí. No veo por qué motivos nos tienen que pedir a rumanos y búlgaros lo que no han exigido a los españoles o los italianos. Hasta donde yo sé, la corrupción no hace parte de los criterios de adhesión en el espacio Schengen.

Soy consciente de que la grave crisis que vive la Unión Europea no facilita la plena inserción de Bulgaria y Rumanía en la Europa política y económica. Europa vive una gran inestabilidad, sus ciudadanos están asustados por el futuro, muchos han perdido su trabajo y han caído en la pobreza. En este contexto, muchos europeos ven con recelo cualquier tipo de ampliación de sus espacios políticos y económicos. La extrema derecha xenófoba gana terreno en muchos países de la Vieja Europa, y los países recién llegados al club son los que pagan el pato de esta situación. Sobre todo los más pobres y débiles como Rumanía y Bulgaria. Schengen es una excusa, no es el problema.

España pone trabas a los inmigrantes rumanos, porque dice que tiene mucho paro. Otros países de la UE también han tomado medidas similares. Hasta cierto punto es comprensible, pero pienso que no se puede solucionar un problema, reducir el desempleo, creando otro, es decir impidiendo el desarrollo de los países más atrasados. Europa tiene el derecho de exigirnos más esfuerzos en todos los ámbitos, pero no nos debe marginar, porque a la larga ese error político de bulto repercutirá negativamente en todo el Viejo Continente.

 

(*) Sociólogo rumano.