Marruecos impulsa una ley contra el trabajo infantil

Ouissal El Hajoui – Rabat / Tánger.

 

 

En la construcción, la industria, el comercio, y sobre todo, en el servicio doméstico, cerca de 150.000 niños menores de 15 años trabajan en estos sectores en Marruecos, según datos vertidos por el propio Gobierno. En oficios mal remunerados, que requieren mucho esfuerzo y que carecen de las más mínimas medidas de seguridad. Así las cosas, el Ejecutivo ha decido impulsar una ley que prohibe el trabajo infantil, paralizada desde hace seis años. Pero, pese a los esfuerzos de la administración pública y varias organizaciones de la sociedad civil, la ocupación de menores está asimilada y es aceptada por la sociedad. Acabar con el sufrimiento que padecen los menores que contribuyen así a la economía familiar es el objetivo de la ley ya aprobada por el Ejecutivo y que espera a ser ratificada por el Parlamento.

 

Amina y Kamal

Amina, de 9 años, se hace cargo de su familia. De Meknés, trabaja en casa de unos médicos fasíes. Sin horarios, ni días festivos, Amina se encarga de limpiar toda la casa, hacer la comida y los recados, mientras que su salario, 100 euros mensuales, son entregados por los dueños de la casa directamente a los padres. “Las pequeñas empleadas del hogar, las Petites Bonnes, como se conocen en Marruecos, constituyen más de la mitad de los niños no escolarizados y explotados laboralmente”, señala Khalid Naciri, portavoz gubernamental, en una rueda de prensa después de la aprobación del texto por el Consejo de Ministros. Mientras los padres de Amina ven en su hija la salvación a todos sus problemas, los dueños de la casa creen que le hacen un favor a la menor, “al menos tiene qué comer y dónde dormir”, opinan, de forma generalizada las familias en Marruecos.

Las ocupaciones de los niños son más numerosas. Kamal, de 11 años, trabaja en el taller de carpintería del barrio popular de Dradeb, en Tánger. Con su padre en paro y el salario de su madre como asistenta del hogar, que no llega a los 80 euros, su familia precisa de su ayuda para sobrevivir. A su corta edad, maneja peligrosas herramientas, pero para su familia, el dueño del taller les ha hecho un gran favor. Según Aicha, la madre de Kamal, “prefiero que mi hijo aprenda desde pequeño lo que es tener responsabilidad a que se quede en la calle y se dedique a delinquir”. El pequeño, lo tiene claro, su meta en la vida es emigrar a España, como han hecho muchos chicos del barrio.

 

Multas y cárcel para el empleador

La nueva ley prevé multas de más de 2.500 euros para todo aquel que empleé a un menor de 15 años una vez transcurrido un año desde la aprobación definitiva del texto legal en el Parlamento. En el caso de que el empleador sea reincidente, se contemplan penas de cárcel que oscila entre tres meses y un año. “Esta ley es un gran paso para acabar con la explotación infantil, pero en el mismo marco legislativo, se deberían contemplar penas más duras a aquellos quienes abusen de los niños en el trabajo, un mal cada vez más creciente en Marruecos”, señala Najia Adib, presidenta de la asociación Touche pas à mes enfants (No toques a mis hijos). Adib advierte que la mayor parte de casos de violaciones y abusos a menores se da en los hogares en los que trabajan las pequeñas asistentas. “Lo peor es que los jueces no ven mal ese trabajo, y son ellos los que dictan las penas. Y en el caso de abusos, es la palabra de una menor de familia pobre, contra un abogado, médico o empresario de renombre en la sociedad”, condena Adib.