Firmeza antiterrorista. Por Javier Fernández Arribas

Imagen de los cooperantes españoles secuestrados en los campamentos de Tinduf y que se cree podrían haber sido conducidos al norte de Malí.

 

La firmeza legal es la opción más fiable y segura para acabar con el terrorismo. No es fácil, ni cómoda, pero no hay nada peor que un terrorista pueda comprobar que el uso de la violencia le proporciona resultados políticos y económicos. Mientras en España estamos asistiendo al principio del fin de la banda terrorista ETA tras su anuncio de cese definitivo de sus acciones, pero sin mencionar su disolución y desmantelamiento y sin pedir perdón a las víctimas, y con la iniciativa de contactos políticos del Lehendakari, Pachi López, para forzar que no haya marcha atrás; también estamos pendientes del paradero de los cooperantes secuestrados.

Dos mujeres, que trabajan en un campo de refugiados en Kenia, parece que se encuentran ya en la zona del sur de Somalia controlada por los islamistas de Al Sabah, grupo simpatizante de Al Qaeda. Una mujer y un hombre, que trabajan en los campos saharauis cerca de Tinduf, parece que se podrían encontrar ya en el desierto del norte de Mali, lugar por donde campa a sus anchas Al Qaeda del Magreb Islámico, otro grupo afecto a las tesis terroristas del desaparecido Bin Laden. Hace dos años, en esa zona conocida como el Sahel, fueron secuestrados un grupo de voluntarios catalanes que estuvieron varios meses cautivos y cuya liberación costó unos cuantos millones de euros.

España tiene un cartel de buen pagador entre estos grupos terroristas y, también, entre los piratas en el Índico, lo que obligó a la operación Atalanta de la Unión Europea para proteger a los atuneros, con muy buenos resultados y con alto coste económico. Los cooperantes secuestrados trabajan para ONGs que asumen, a cambio de financiación, buena parte de la responsabilidad de una labor que ceden los gobiernos para evitar riesgos oficiales y condicionantes diplomáticos.

El modelo está siendo cuestionado por los ataques y secuestros de los terroristas que saben que los cooperantes no van armados y que el gobierno correspondiente va a pagar por su rescate. En el Sahel hay otros cuatro rehenes franceses de la empresa Areva y una turista italiana. En esta situación, resulta inconcebible que el conflicto del Sáhara impida a Argelia y Marruecos trabajar juntos contra el terrorismo en el Sahel. Argel dejó fuera a Rabat en el acuerdo con los países subsaharianos para luchar contra una lacra que supone una gran amenaza de desestabilización para todos, incluida Europa. Este último secuestro, causa un grave daño en confianza y credibilidad para el Frente Polisario y Argelia.