Bernarda Alba vs. arcaísmos en tierras africanas

Ouissal El Hajoui.

 

Elenco de actrices que representan la versión marroquí de La Casa de Bernarda Alba.

 

La Casa de Bernarda Alba, una de las obras teatrales más famosas de Federico García Lorca, que muestra el hermetismo, superficialidad e hipocresía de la sociedad española de la década de los treinta, es hoy, casi un siglo después, un referente en la sociedad magrebí y africana para la representación de la emancipación de la mujer. Primero fueron Marruecos y Kenia, quienes eligieron el drama de Lorca para mostrar la lucha entre modernidad y tradición, entre machismo y feminismo. Y, sobre todo, para poner de manifiesto el ansia sexual de la mujer, frente al conservadurismo religioso. “En Marruecos, pese a todos los avances, la mujer sigue viviendo inmersa en los valores más arcaicos”, apunta Samia Akariou, actriz que representa el papel de la más pequeña de las hermanas de la saga.

Una viuda severa, hipócrita y autoritaria recluye a sus cinco hijas en casa en símbolo de luto por la muerte de su segundo marido. Estricta con todas ellas, Bernarda Alba prohíbe la relación de las jóvenes con cualquier hombre. Angustias, Magdalena, Amelia, Martirio y Adela, cinco hermanas, de entre 30 y 20 años, están ansiosas de salir de casa y de huir del despotismo de su madre. Y la única solución es que algún chico, guiado por las apariencias de honor y castidad, vaya a pedir sus manos. Distinto lenguaje, vestimenta y época, pero la reivindicación, la misma. “En Kenia se sigue considerando que la mujer apta para el matrimonio es aquella que sea virgen, que no haya tenido vida fuera del hogar y que no haya conocido a muchos hombres”, destaca a su vez Njoki Ngumi, actriz que hace de Bernarda Alba.

 

Autoritarismo vs emancipación

Los dos personajes clave de la obra, Bernarda Alba y Adela, la hermana pequeña, ejemplifican la dualidad de la sociedad marroquí de hoy. Bnat lalla Menana, las hijas de la señora Menana, es la adaptación que se ha hecho en el reino jerifiano de la obra de Lorca. Por una parte, la sociedad, implacable con sus comentarios y movida por la apariencia, por otra parte, las mujeres, jóvenes, con ansia de vivir y con ganas de independencia. “La lucha de las dos partes, la mayor de las veces, acaba mal, como sucedió con Adela, quien acaba muriendo en la obra”, subraya Akariou. Asismismo explica que el título ha sido transformado con el fin de lanzar un mensaje. “En Marruecos ser hijo de es fundamental en las relaciones sociales. Hasta el punto de que las personas, sobre todo las mujeres, no se consideran de forma individual sino como una pieza dentro de un linaje”, concluye la actriz marroquí.