Rumanía: Agrio debate en torno a la monarquía

Paco Soto – Varsovia.

 

Miguel I de Rumanía frente a la estatua de Carolo I, el fundador de su dinastía.

 

La monarquía levanta pasiones y envenena la vida política en Rumanía. Un discurso pronunciado recientemente por el último rey de Rumanía, Miguel I, en el Parlamento, con motivo de su 90 cumpleaños, lo puso en evidencia. Miguel I no lo tuvo fácil para pronunciar su discurso. El jefe del Estado, el conservador Traian Basescu, que no oculta públicamente su hostilidad hacia el antiguo monarca, y el Gobierno de centroderecha de Emil Boc a través de sus diputados del Partido Demócrata-Liberal (PDL) en la Cámara Baja, hicieron todo lo posible por impedir el evento. Los diputados del PDL invocaron cuestiones de “constitucionalidad” para bloquear el acceso de Miguel I a la tribuna oficial del Parlamento de Bucarest.

Este verano, el presidente Basescu, en una entrevista periodística, calificó la abdicación de Miguel I, en 1947, de “traición a los intereses nacionales” de Rumanía y acusó al soberano de haber vendido Rumanía a la URSS. Las maniobras de la derecha en el Parlamento no prosperaron, porque Miguel I contó con dos fieles aliados: los liberales del PNL y el opositor Partido Socialdemócrata (PSD), que en los años 90 del siglo XX hacía gala de antimonarquismo visceral, y procede del antiguo Partido Comunista de Rumanía. El ex presidente socialista, Ion Iliescu, que fue un importante dirigente comunista durante la dictadura de Nicolae Ceausescu, y el ex primer ministro Petre Roman, que inició su carrera política en el antiguo régimen, entre otras personalidades, arroparon al ex soberano rumano. El Gobierno de Emil Boc sólo estuvo representado por el ministro de Justicia, Catalin Predoiu.

 

Romper con el pasado

En su intervención, Miguel I abogó por la recuperación de la “dignidad y el respeto” para Rumanía. Miguel I no tuvo pelos en la lengua para criticar a los actuales gobernantes, a los que recordó que no se puede “despreciar la ética, personalizar el poder e ignorar la función primordial de las instituciones del Estado”. Comparó veladamente a estos gobernantes con los dirigentes comunistas que implantaron una brutal dictadura en Rumanía entre 1947 y 1989, y consideró que “ha llegado el momento de romper definitivamente con las malas costumbres del pasado, con la demagogia, el egoísmo y el apego al poder”. El discurso de Miguel I sentó muy mal al presidente y al Gobierno, porque dijo lo que muchos ciudadanos piensan y dicen en privado, que Rumanía está gobernada por dirigentes incapaces y corruptos.

El periódico Gândul señaló que muchos ciudadanos aprecian a Miguel I por su “modestia y credibilidad”, y necesitan “un modelo” que les represente, porque “están desesperados” y cansados de “la arrogancia y el desprecio con el que son tratados” por los gobernantes. Colaboradores de la Securitate Rumanía es un país con un alto nivel de corrupción y una parte sustancial de la actual clase política, tanto en la izquierda como en la derecha, procede del antiguo régimen comunista. Muchos políticos en activo, militares, policías, altos funcionarios y hombres de negocios colaboraron activamente en tiempos del tirano Ceausescu con la Securirate, la brutal y temible Policía política comunista. Frentre a esta situación y a los graves problemas de pobreza y desigualdades que el desarrollo capitalista de los últimos años no ha solucionado, una parte sustancial de la población expresa su descontento no acudiendo a votar en las elecciones. En algunos procesos electorales la abstención ha superado el 60%.

 

Abdicación y exilio

Dos reinados cortos Miguel I nació en 1921 en Sinaia y fue coronado a los seis años, en 1927. Su reinado acabó tres años después. Regresó como soberano en 1940. La primera parte de su reinado se sobrepuso al régimen fascista del mariscal Ion Antonescu. En agosto de 1944, Miguel I destituyó a Antonescu y se opuso a la Alemania nazi. En marzo de 1945, la URSS instaló un gobierno títere en Bucarest y el rey continuó ocupando una posición honorífica, pero se vio obligado a abdicar y fue enviado al exilio en diciembre de 1947. Tras la caída del comunismo, en 1989, Miguel I intentó regresar al país, pero las nuevas autoridades le negaron la entrada. Finalmente, los miembros de la Casa Real recibieron la ciudadanía rumana en 1997 y desde entonces han desempeñado un papel importante en acontecimientos como la entrada de Rumanía en la OTAN, en 2004, y la adhesión a la UE, en 2007.