Música contra marginalidad en Centroamérica

Ouissal El Hajoui – Rabat

 

 

De Guatemala, Salvador, Nicaragua, Honduras, Costa Rica y Panamá son los músicos que integran la Joven Orquesta y Coro de Centro América, JOCCA. Jóvenes y la mayoría de ellos con escasos recursos, han encontrado en esta iniciativa, financiada por la Agencia Española de Cooperación y Desarrollo, AECID, una vía para perfeccionar su dominio del canto y música instrumental. Así como un medio de conocer mundo y salir de la precariedad de sus países de origen. David Gálvez, Roberto Alonso y Samuel Robles son algunos de los artistas y profesores que cada año se dirigen a estos países para impartir talleres de formación. La amalgama de nacionalidades ha propiciado un éxito palpable en los encuentros internacionales que organiza el Instituto Internacional de Música Ibérica (IIMI).

Muchos de los jóvenes cantantes e instrumentalistas acaban abandonando su sueño porque no tienen un centro de formación en su entorno más inmediato. Daniela Mejía, de 20 años, es de Honduras y su talento tocando la viola es admirable. “No fue fácil conseguir que Daniela continuara con su formación. Por una parte, no disponía de ningún profesor que la instruyera, por otra, asaltaron su casa en Tegucigalpa, y entre otras cosas, perdió su viola”, cuenta el valenciano David Gálvez, director artístico de la orquesta. La JOCCA no dudó en regalarle otra viola, un arco y varios juegos de cuerda. “Actualmente forma parte de la Orquesta de Cámara de la Universidad Nacional de Honduras”, subraya Galvez.

 

Un mundo apacible

En la mayoría de los casos, los artistas consideran que el apacible mundo de la música es incompatible a la difícil realidad en la que se encuentran inmersos. Guerras, desastres naturales, conflictos sociales e inseguridad ciudadana constituyen el día a día de estos músicos aún en formación. Douglas Flores, de 27 años y natural de Nicaragua, sufrió un secuestro en un taxi. En ese momento llevaba consigo su viola y se la robaron después de clavarle una navaja en la pierna. Miembro de JOCCA desde 2008., ha conseguido otro instrumento, “y nosotros le dotamos de cuerdas y resinas para su cuidado”, señala el director artístico de la JOCCA.

Sin embargo, no siempre es sufrimiento el que envuelve a estos jóvenes. Esther Valladares, de Honduras y con 21 años, ha tenido una historia más feliz que la de sus compañeros con los que se reúne desde hace tres años para ofrecer conciertos internacionales. Esther se marchó a estudiar a Estados Unidos, “pero como tenía que trabajar en el bar de la universidad le ofrecimos una beca”, comenta David Gálvez. Después de quedar en tercera posición en el Conservatorio de Zaragoza, Esther se ha hecho con una beca de alojamiento y dietas, mientras que la JOCCA se hace cargo de sus billetes de avión. Según Gálvez, “está feliz porque puede dedicarse plenamente a sus estudios. Y no me cabe la menor duda de que será una excelente cellista”.