Marruecos: Contra el voto “por encargo”

Ouissal El Hajoui – Rabat

 

 

El sufragio en democracia es fundamental, necesario, y ante todo, privado. Lo ha repetido en innumerables ocasiones el Portavoz del Gobierno marroquí, Jalid Naciri para reclamar la participación de los más de cinco millones de marroquíes que residen en el extranjero. Durante el referéndum para aprobar la nueva Carta Magna del Reino, los consulados marroquíes en todo el mundo habilitaron sus establecimientos para que los marroquíes pudiesen opinar sobre la reforma. Sin embargo, en las elecciones generales, una de las más importantes desde que Marruecos comenzara su transición hacia la democracia en 1999, los consulados no ofrecen este servicio a los marroquíes residentes en el extranjero. “Como aquí no nos pueden ofrecer 20 euros para orientar nuestro voto, prefieren complicarnos la participación en las elecciones”, declara Jamal, residente en Sevilla.

Después de las múltiples quejas de los inmigrantes, Correo Diplomático telefoneó a la embajada de Marruecos en Madrid. Y, efectivamente, no sólo no podrán votar los ciudadanos en el extranjero, sino que, si desean ejercer el sufragio, tendrán que delegar dicha potestad a un familiar o amigo. ¿Qué pasa con la privacidad del voto, condición sine qua non en democracia? ¿Cómo podrán estar seguros los inmigrantes que los tutores que designan harán lo que les pidan? La mayor parte de los inmigrantes han decidido no votar, pero sí protestar. “Es evidente que el voto de los inmigrantes preocupa porque nosotros hemos tenido la posibilidad de ver de cerca lo que es una democracia y saber que Marruecos aún está muy lejos de este sistema”, critica Murad, residente en Madrid desde hace ocho años.

 

Laicidad, igualdad y división de poderes

“No voy a votar porque estoy totalmente en contra de delegar en otra persona este derecho. Pero si pudiese hacerlo no sabría a quién votar. En ningún programa electoral se hace mención a los principales valores democráticos”, subraya Karima, quien está a punto de hacerse con la nacionalidad española. Desde Europa, los inmigrantes exigen al nuevo gobierno marroquí, ante todo, la clara delimitación entre el ejecutivo, legislativo y judicial. “No se puede hablar de democracia si todo el poder recae sobre una misma persona”, destaca Leila, quien considera primordial la laicidad en Marruecos.

“Las encuestas otorgan la victoria al PJD, partido de tendencia islamista, y no entiendo cómo a estas alturas la sociedad marroquí sigue sin exigir la separación entre religión y política”. Por su parte, Jalid considera que Marruecos aún no está preparado para la democracia tal y como se concibe en Europa. “Los marroquíes no tienen la educación necesaria para vivir en una sociedad plenamente libre. Ellos mismos no lo aceptarían”, declara Jalid, quien como inmigrante exige al nuevo gobierno que tenga más en cuenta a la comunidad en el extranjero.