Poder islámico en Marruecos. Por Javier Fernández Arribas

 

El nuevo gobierno de Marruecos va a estar presidido por Abdelilah Benkirán, el líder del partido islámico Justicia y Desarrollo (PDJ), el más votado en las elecciones legislativas del pasado 25 de noviembre con el 27% de los sufragios y 107 escaños de los 395 que componen el Parlamento; pero no dispone de mayoría absoluta y tendrá que negociar con otros partidos y consensuar las decisiones más relevantes. El rey Mohamed VI cumple con la nueva Constitución que establece la elección como primer ministro al candidato del partido más votado. El resultado electoral demuestra una realidad conocida por todos en el marco de un proceso democrático en nuestro país vecino que ha avanzado en los últimos años con distintos ritmos y dificultades pero que ha creado en la sociedad marroquí cierta impresión de ineficacia y complacencia con el sistema reticente a las reformas por parte de los partidos tradicionales.

Es evidente el progreso económico y social que ha experimentado Marruecos en los últimos diez años con un crecimiento sostenido de su economía, con una mejora sustancial de sus infraestructuras, con una renovación del sector agrícola y pesquero, con una apuesta clara por las energías renovables y con un impulso decidido por la consolidación de una clase media que exige una fiscalidad efectiva y operativa para la redistribución de la riqueza y la capacidad administrativa del Estado. Sin embargo, hay todavía muchas diferencias entre las clases sociales más desfavorecidas, con alto índice de analfabetismo, sobre todo en las zonas rurales, y las más acomodadas que se resisten a perder algunos de sus antiguos privilegios enraizados en la relación más cercana al rey y al conocido como Majzén, la corte que rodea y controla todos los intereses estratégicos del Reino.

Con la reforma política, acelerada este año por el movimiento de protesta del 20 de febrero y, sobre todo, para evitar el contagio de los acontecimientos en Túnez y Egipto que provocaron la caída de sus dictadores, el rey de Marruecos ha protagonizado una iniciativa política decisiva para encarar el futuro en un nuevo marco que incluye su iniciativa de reorganización territorial que supone una nueva división del país en regiones con objetivos claros de un mayor equilibrio, sobre todo en la zona norte del Rif, foco habitual de problemas, y de un mayor calado como es la solución de la situación del Sáhara Occidental con una amplia autonomía bajo la soberanía marroquí.

 

Benkirán y Rajoy

El nuevo gobierno emanado de las urnas tiene el reto de cumplir sus compromisos de trabajar por una mayor igualdad, mejor justicia social y erradicar la pobreza que afecta a buena parte de la población en un momento donde sus perspectivas económicas continúan en la senda del crecimiento. En este escenario, resulta esencial la colaboración con España a pesar de la escasa simpatía que ha manifestado públicamente Abdelilah Benkirán hacia Mariano Rajoy. El PP, sin embargo, emitió un comunicado de felicitación al PDJ por su victoria democrática en un proceso que valora positivamente y recordaba que entre Marruecos y España “es más lo que nos une que lo que nos separa” y “está convencido de que los futuros gobiernos de ambas naciones seguirán trabajando conjuntamente para abordar en un clima de cooperación y amistad los numerosos desafíos y oportunidades que compartimos”.

Con el debido respeto a la acción del gobierno, las relaciones entre España y Marruecos tienen en sus reyes a dos valedores fundamentales como se demostró el pasado mes de mayo con la visita a Marrakech de D. Juan Carlos para demostrar las condolencias del pueblo español y de la corona por el terrible atentado contra el café Argana, que causó 17 muertos, y solucionar definitivamente la crisis política creada en el verano de 2010 por el enorme malestar de Mohamed VI al ser sobrevolado en dos ocasiones el yate en el que navegaba por el Mediterráneo por un helicóptero militar español que tenía como misión el abastecimiento de las instalaciones españolas en Alhucemas. Las relaciones bilaterales se desbloquearon desde entonces con una notable intensidad con el convencimiento mutuo, cada vez más compartido, de la necesidad de que España y Marruecos estrechen la colaboración en todos los sectores, a pesar de las habituales reticencias de Francia, entre la que se enmarca el acuerdo de cooperación militar firmado en 1991.

 

Agenda bilateral hispano-marroquí

Más allá de las cuestiones económicas y comerciales, como es la negociación para un nuevo acuerdo agrícola de Marruecos con la Unión Europea y la mejora de las condiciones de inversión de empresas españolas en distintos sectores de la economía vecina, y de las cuestiones políticas con la presión marroquí para que España gire su posición neutral en el contencioso del Sáhara Occidental y apoye la iniciativa autonómica impulsada por Rabat, se encuentra la coordinación en materia de seguridad y defensa. Según fuentes oficiales, españolas y marroquíes, la relación entre las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado en la lucha contra el terrorismo, la inmigración ilegal y el tráfico de drogas se ha mantenido siempre en unos niveles excelentes con unos resultados de prevención muy destacados.

También se resalta el buen funcionamiento del intercambio de jueces, uno en cada país, que canalizan las cuestiones jurídicas más delicadas entre los dos países. Los atentados de Al Qaeda en Madrid y Casablanca, con participación de terroristas marroquíes, tuvieron una respuesta eficaz y operativa que se extiende a todos los niveles para neutralizar las amenazas reales que representa ahora mismo el grupo Al Qaeda del Magreb Islámico, nutrido con los integrantes del antiguo grupo Salafista para la Predicación y el Combate, que operan en la zona del Sahel y han secuestrado a varios ciudadanos occidentales, entre ellos varios españoles. La preocupación se ha extendido últimamente tras el secuestro de dos cooperantes españoles en un campo de refugiados en Tinduf del Frente Polisario, algunos de cuyos miembros podrían colaborar con los terroristas. Los servicios de inteligencia de España y Marruecos trabajan de “manera muy satisfactoria”, según las fuentes consultadas, que reclaman la superación de los problemas bilaterales entre Marruecos y Argelia para optimizar todos los recursos de la zona para luchar contra el terrorismo.

En cualquier caso, la reforma constitucional marroquí establece que el rey mantendrá todas sus prerrogativas en el nombramiento del ministro de Defensa y de Asuntos Religiosos, y su influencia frente al nuevo primer ministro islámico se podrá calibrar por las personas que se encarguen de las carteras de Asuntos Exteriores, Interior o Justicia.