ANÁLISIS. Putin salva por los pelos la mayoría absoluta en las legislativas

Paco Soto – Varsovia

 

 

El partido de Vladimir Putin y Dimitri Medvédev, Rusia Unida (RU), obtuvo la mayoría absoluta por los pelos en las elecciones generales del 4 de diciembre. RU, cuyas listas electorales estaban encabezadas por Medvédev, que es el actual jefe del Estado, consiguió el 50,05% de los sufragios y 238 diputados sobre un total de 450. En la anterior legislatura, RU alcanzó 64,3% de los votos y 315 escaños. A pesar de controlar las principales instituciones y aparatos del Estado y la mayoría de los medios de comunicación públicos y privados, y de haber sabido mantener a raya a la oposición, el partido de Putin y Medvédev no consiguió en estas elecciones una mayoría aplastante en la Duma (Cámara baja); perdió 77 escaños, y en Moscú y en muchas regiones del país, RU, que está vinculado a importantes sectores de la oligarquía económica y la burocracia del Estado, no logró el 50% de los votos.

Por este motivo, Rusia Unida se verá en la obligación de pactar con otras fuerzas políticas si quiere cambiar ciertas leyes de la actual Constitución. Putin, que ejerce el cargo de primer ministro y aspira a la presidencia en las elecciones del próximo mes de marzo, se mostró satisfecho por los resultados, porque, a su juicio, “garantizan la estabilidad” de Rusia en los próximos cinco años, después la reforma constitucional que aumentó en un año la legislatura, y “reflejan la situación real del país”. Medvédev abundó en la misma línea, y abogó por la “cooperación” en la nueva Duma entre su partido y otras fuerzas, lo que, en su opinión, “es normal en el parlamentarismo y la democracia”.

El Partido Comunista de Rusia fue la segunda fuerza más votada con el 19,13% de los votos y 92 diputados, lo que significó un notable aumento comparado con las legislativas de hace cuatro años (11,57%). El partido socialdemócrata Rusia Justa consiguió el 13,94% de los votos, casi el doble que en las anteriores elecciones. En cuarta posición se colocó la formación ultraderechista, populista y nacionalista Partido Liberal Democrático de Vladimir Zhirinovski con 11,76% (8,14% hace cuatro años). Por debajo del 7% del escrutinio se colocaron pequeños partidos como la formación liberal Yábloko (3,06%), los extremistas de derecha Patriotas de Rusia (0,96%) y Causa Justa (0,58%).

 

Principal fuerza

Vladimir Putin no ocultó su orgullo de que RU se mantenga “como principal fuerza” política de Rusia, lo que “nos permitirá garantizar un desarrollo estable de nuestro Estado”. No es ninguna proeza si se tiene en cuenta que este partido es una de las piezas esenciales del aparato estatal ruso poscomunista y tiene a su favor un enorme apoyo económico, político y mediático. En un tono más comedido, Borís Grizlov, presidente del Consejo Supremo del partido oficialista, atribuyó a la crisis económica el fuerte descalabro sufrido por su formación. Aún así, Grizlov destacó que RU “seguirá siendo el partido gobernante”, y “en medio de la crisis económica mundial hemos recibido el apoyo del electorado. Mientras en Reino Unido, España y Portugal en las elecciones de 2010-2011 cambiaron los partidos gobernantes, nosotros ya podemos decir que RU seguirá siendo el partido gobernante”. A pesar de su victoria en las urnas, el partido de Putin y Medvédev perdió una parte de su hegemonía. “Rusia Unida gana aunque se debilita”, comentó la cadena de televisión europea Euronews.

 

El desgaste de RU

El tandem Putin-Medvédev funcionó razonablemente bien en estas elecciones, pero no pudo evitar el desgaste de RU. A finales del pasado mes noviembre, en el congreso de RU, Vladímir Putin y Dmitri Medvédev oficializaron su cambio de papeles al frente de la Federación Rusa: el presidente sería cabeza de lista del partido gubernamental para las elecciones legislativas; y el primer ministro, candidato en las próximas presidenciales. Tras cuatro años como primer ministro, la anunciada vuelta de Putin tiene como objetivo impulsar la máquina electoral de Rusia Unida de cara a la cita crucial de las presidenciales. ¿Por qué motivos? Pues porque, como indica el analista político Andrei Kortunov, “la mayoría de la gente ve a Rusia Unida como el partido de las clases dirigentes, de los funcionarios, de los burócratas, como una especie de mecanismo que permite la aplicación de decisiones que se toman en otro lado”. Según un sondeo de Levada Center, es una opinión compartida por el 53% de los rusos encuestados. El politólogo en el Carnegie Centre Nikolai Petrov apunta que “lo que vemos ahora es el remanente de un sistema político muy primitivo diseñado por Putin en los tiempos en que Rusia gozaba de una enorme riqueza financiera. Se mantuvo debido a la política populista del Gobierno, que no podrá continuar mucho tiempo”.

 

Fraude electoral

Las legislativas se celebraron en la Federación Rusa en un ambiente de sospecha de fraude electoral. Según la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), hubo “frecuentes violaciones” durante el recuento de votos y “manipulación de urnas”. El ex diputado del PP español Jesús López-Medel, uno de los observadores enviados a Rusia por la OSCE, se quejó de que “somos pocos, una gota de agua en el océano que es Rusia”. El presidente de la Comisión Electoral Central, Vladímir Chúrov, reconoció que habían sido acreditados solamente 700 observadores de la OSCE para supervisar las elecciones rusas. Hasta los diputados de RU denunciaron irregularidades.

El Partido Comunista Ruso anunció que pondrá una denuncia ante el Tribunal Supremo ruso para protestar por el “fraude masivo” durante la jornada electoral, que, según esta formación opositora, benefició a RU, y aseguró que había detectado un millar de irregularidades. “La geografía de las violaciones abarca todo el país”, afirmó el ultraderechista Partido Liberal Democrático. “Las elecciones se han convertido en el juego de ‘pilla al falsificador con las manos en la masa'”, destacó el partido Yábloko. Guennadi Gudko, del partido Rusia Justa, consideró que las legislativas del 4 de diciembre fueron las elecciones “más sucias” que se celebraron en el país y denunció por lo menos 38 pucherazos masivos en Moscú, así como la colaboración de los dirigentes de colegios electorales en la falsificación.

También se produjeron ataques informáticos que dejaron inutilizadas las páginas web de medios críticos con el poder como la emisora Eco de Moscú y la ONG de observación electoral ‘Golos’ (El Voto). Alexéi Venedíktov, director de Eco de Moscú, explicó que el ataque contra la emisora es “un intento de impedir que difunda información sobre irregularidades en las elecciones”. El politólogo Andréi Piontkovski calificó de “una simple imitación de democracia” los comicios rusos. El ex presidente soviético Mijaíl Gorbachov tachó la campaña electoral de “sucia” y recalcó que “vamos a tener que empezar otra vez desde cero, tendremos que construir nuevamente la democracia en Rusia”.