Moldavia aún sin jefe de Estado

Paco Soto – Varsovia

 

 

Moldavia aún no ha podido celebrar la elección del jefe del Estado por parte del Parlamento porque ningún partido ha presentado candidatos. La anulación de la elección fue anunciada por Vlad Filat, el primer ministro de esta pequeña república de 4,4 millones de habitantes fronteriza con Ucrania y Rumanía, que se independizó de la antigua URSS en 1991. Después del mes de abril de 2009, ninguna fuerza política tuvo capacidad suficiente (61 diputados sobre 101) para elegir al jefe del Estado. El actual Gobierno de Filat, que está formado por tres partidos de centroderecha y europeístas, sólo dispone de 59 parlamentarios y la oposición comunista, de 42. Gobierno y oposición no se han puesto de acuerdo para encontrar una solución en torno a la figura del actual presidente del Parlamento, Marian Lupu, ex comunista y líder del Partido Demócrata, porque tres diputados comunistas han roto con la disciplina de voto de su partido, el PCM. Los tránsfugas proponen la candidatura de uno de ellos, la ex primera ministra del país Zinaïda Greceanii, o un “candidato independiente”.

La oposición comunista anunció protestas masivas tras la cancelación de la elección en la Cámara moldava, y exigió “la disolución del Parlamento y la dimisión del Gobierno”, según dijo Vladímir Voronin, que fue presidente de Moldavia. El dirigente comunista acusó al Gobierno de “irresponsabilidad” por no ser capaz de presentar ningún candidato y calificó de “traidores” a los tres diputados tránsfugas de su partido. También recordó que “las autoridades cuentan con 30 días -hasta mediados de diciembre, aproximadamente- para elegir al presidente; sin embargo, no lo lograrán. Cuanto antes mejor hay que disolver el Parlamento y comenzar el procedimiento de convocatoria de elecciones anticipadas”. En la misma línea, Voronin afirmó que “estamos dispuestos a asumir el poder. Sabemos cómo gobernar un país y cómo sacarlo de la crisis”.

 

Tensiones territoriales

La República de Moldavia está poblada por una mayoría rumanófona y una minoría eslava (rusos y ucranianos) que vive en una parte del territorio moldavo, situado en la orilla oriental del río Dsniéster. Este territorio, conocido con el nombre de Trandsniéster, cuya capital es Tiraspol, es una enclave poblado por unas 500.000 personas y está bajo control de un gobierno independentista que recibe el apoyo de Rusia. Esta región fue asignada por el dictador Stalin a Moldavia en el marco de un proceso de rusificación que impulsó Moscú para debilitar los lazos históricos establecidos entre moldavos y rumanos. En 1994, Moldavia rechazó la unión con Rumanía.

Tres años antes, en 1991, Trandsniéster se había declarado independiente respecto a Moldavia aprovechándose del proceso de desintegración de la URSS. La independencia desembocó en un conflicto militar que provocó cientos de muertos y la intervención militar de Moscú. En un referéndum celebrado en 2007, el 97% de los habitantes de Trandsniéster se pronunció a favor de la anexión a Rusia. Moscú prefiere la autonomía para este territorio. Moldavia, que es el país más pobre de Europa, celebró el 20 aniversario de su independencia el pasado 27 de agosto.

Según un sondeo, el 48,6% de la población dijo lamentar la disolución de la URSS y el 32,4% expresó su satisfacción por este acontecimiento. La mayoría de los moldavos considera que las condiciones de vida eran mejores en tiempos soviéticos, pero reconoce que ha mejorado la situación de la libertad de expresión, el acceso a la información, la posibilidad de viajar y la práctica religiosa. Otra encuesta revela que el 65% de la población no está contento con la situación en el país y solamente el 24% cree que las cosas están yendo en la dirección correcta.