La corrupción que hunde a Chequia

Paco Soto – Varsovia

 

 

La corrupción está llevando a Chequia al hundimiento institucional, a pesar de ser el país más avanzado de la antigua Europa comunista. Afecta a todos los mecanismos de la vida política y económica, según denuncian sindicatos, ONG, grupos de economistas y medios de comunicación checos y de otros países. Tanto es así que unos 500 sindicalistas se manifestaron recientemente por las calles de Praga para pedir a las autoridades que tomen medidas urgentes para frenar la corrupción. La marcha de protesta, que fue organizada por la Asociación de Sindicatos Independientes (ASO), se dirigió al Parlamento, donde los manifestantes entregaron a los legisladores una propuesta para la creación de un nuevo comité especial que vigilará la corrupción en el país.

Los sindicalistas afirmaron que el Gobierno de centroderecha de Petr Necas encubre diversos casos de corrupción, según recalcó Bohumír Dufek, presidente de la ASO, y denunciaron que este problema hace perder al Estado millones de euros que luego faltan en sectores como la sanidad o la educación. Los medios checos denuncian que los sobornos, la apropiación indebida de fondos públicos, el blanqueo de dinero y los desfalcos se han convertido en prácticas corrientes en Chequia. La ONG Transparency International (TI) alerta que Chequia es una de las democracias europeas con mayor nivel de corrupción. Sobre un total de 180 países analizados, Chequia ocupaba el puesto 52 en 2009 y estaba en peor situación que países como Polonia y Hungría. TI acusa a Praga de no cumplir con “sus promesas internacionales” en materia de lucha contra la corrupción.

El empresario y multimillonario checo Andrej Babis declaró al diario económico Hospodárské novny: “La corrupción en el país ha superado el límite de lo tolerable”. Babis aseguró también a una cadena de televisión que la corrupción salpica al conjunto de la clase política, y especialmente a líderes como el ex primer ministro de derechas Mirek Topolanek, amigo de Silvio Berlusconi, y al propio jefe del Estado, el ultraconservador Václav Klaus. El pasado mes de septiembre, una antigua empleada de la brigada de extranjeros de la Policía checa en la ciudad de Karlovy Vary, Radka Kadlecová, reveló al semanario Respekt que había sido condenada por soborno a dos años de cárcel en 2007, y en 2009 fue indultada por el jefe del Estado, porque pagó dinero a funcionarios del entorno presidencial. Václav Klaus lo negó y el principal partido de la oposición, el socialista CSSD, pidió un esclarecimiento de los hechos.

 

Dimisión

Asimismo, el 21 de noviembre, Václav Klaus tuvo que nombrar a un nuevo ministro de Industria y Comercio tras la dimisión de Martin Kocourek por su presunta implicación en un desvió de fondos públicos. El diario británico Financial Times aseguró que “la corrupción amenaza incluso la inversión extranjera en el país, ya que la administración no hace nada por combatirla”. La situación es tan grave que el Estado ha decidido crear un equipo de entre 20 y 40 fiscales dedicados a combatir la corrupción, según anunció el ministro de Justicia, Jirí Pospísil.

Así las cosas, según una encuesta de la agencia SETEM, el 66% de los checos se declara orgulloso de su país, frente al 79% en 2010. Por otra parte, Polonia, un país vecino de Chequia, también se vio salpicado recientemente por la corrupción. La Policía detuvo al general Gromoslaw Czempinski, jefe de los servicios de información (UOP) entre 1993 y 1996, y a cuatro ex cargos públicos por haber presuntamente desviado fondos del Estado.