El poder se endurece en Rusia

Paco Soto – Varsovia

 

 

El poder político ruso sigue siendo fiel a sí mismo y utiliza el único lenguaje que conoce: el autoritarismo y la represión. Después de que el 4 de diciembre se celebraran elecciones legislativas que dieron una victoria absoluta por los pelos a Rusia Unida (RU), el partido del primer ministro Vladimir Putin –verdadero hombre fuerte del país- y del presidente Dimitri Medvédev, el régimen sacó a la policía y las fuerzas de choque parapoliciales a la calle para detener el descontento de la oposición, que reúne a grupos políticos democráticos y organizaciones de derechos humanos, pero también a sectores poscomunistas y ultranacionalistas de extrema derecha que tienen poco aprecio a la democracia. De momento, demócratas y opositores autoritarios están en el mismo barco. No se sabe hasta cuándo.

Obreros, estudiantes, transportistas, comerciantes, artistas, cineastas e intelectuales han bajado a la calle para decir “¡Basta ya!” al régimen autoritario ruso, que ha heredado muchas taras y anomalías de la URSS. En los últimos días Moscú ha sido escenario de manifestaciones masivas en las que la oposición ha denunciado un fraude electoral y exigido la celebración de nuevos comicios generales. La protesta más importante se llevó a cabo el 10 de diciembre en las calles de la capital rusa. Decenas de miles de ciudadanos, indignados por el fraude en las legislativas, salieron a la calle en diversas acciones de protesta, algunas-autorizadas y otras prohibidas.

El mitin de mayor afluencia y el más importante en los últimos 20 años reunió entre 80.000 y 150.000 personas, según los organizadores, ó 20.000, según las fuerzas de seguridad. Fue un acto pacífico y sin incidentes, mientras que en otras ciudades rusas la policía efectuó numerosas detenciones. Los manifestantes pidieron la dimisión de Putin y acusaron a RU de ser “el partido de los bandidos y ladrones”. También cargaron las tintas contra el presidente de la Comisión Electoral Central (CEC), Vladímir Chúrov, y Dmitri Medvédev. Los manifestantes plantearon varias reivindicaciones al poder: nuevas elecciones, legalización de partidos políticos, castigos a los responsables del fraude electoral del 4 de diciembre y libertad de prensa. Y dieron a los dirigentes rusos dos semanas, hasta el 24 de diciembre, cuando se celebre otro acto de protesta masiva en la calle, para que den una respuesta a sus exigencias.

 

Sociedad civil

Boris Nemtsov, ex primer vicejefe de Gobierno en la etapa de Boris Yeltsin, tachó de “paranoico” y “cobarde” a Putin y le conminó a dimitir. Guennadi Gudkov, un ex miembro de los servicios de seguridad, aseguró que en Rusia “ha nacido la sociedad civil”. Diversos observadores de la realidad rusa consideran que las protestas postelectorales son las más masivas y relevantes desde el punto de vista político de las dos últimas décadas. La oposición a Putin-Medvédev comparte esta opinión, y así lo han expresado a los medios occidentales algunos de sus miembros. Ilya Budraitskis, activista del Partido Socialista Ruso, está convencido de que “se han visto en la obligación de dejarnos expresar”. El artista moscovita Misha Most señala que “en Moscú los manifestantes han hecho saber que saben que les están tomando el pelo y quieren denunciarlo”. Los eslóganes “Rusia sin Putin”, “Repetición de las elecciones”, “Putin ladrón” y “Fuera el partido de ladrones y bandidos” están recorriendo muchas zonas del país. Esta vez, los contestatarios no quieren bajar la cabeza y prometen seguir con las protestas

 

Como en la época soviética

El poder, para contraatacar, ha utilizado la misma retórica que en tiempos soviéticos: la culpa es del extranjero. Vladimir Putin agitó la amenaza exterior como justificación para continuar reprimiendo las protestas por el fraude electoral. El nuevo zar ruso, que aspira a la presidencia en las elecciones del próximo mes de marzo, acusó a Estados Unidos de manipular las protestas. “La primera reacción de nuestros socios americanos, lo primero que hizo la secretaria de Estado —Hillary Clinton— fue decir que las elecciones no fueron limpias ni justas, y eso sin tener todavía en su poder el informe de la ODIHR ( Oficina para las Instituciones Democráticas y los Derechos Humanos”, manifestó Putin. Clinton, por su parte, respondió que Washington sólo pretende defender a la población, porque “apoyamos los derechos y aspiraciones del pueblo ruso a esperar un futuro mejor”.

Por su parte, Dimitri Medvédev fue más contemporizador. Declaró que “no estoy de acuerdo ni con los eslóganes ni con las declaraciones de los manifestantes”, pero consideró que la Constitución ampara las protestas “y la gente tiene el derecho de expresar sus puntos de vista”. Pero contestó a Clinton en un tono más airado. “Sólo falta que nos digan cómo debemos redactar la Constitución”, indicó el presidente ruso Así las cosas, muchos opositores dejaron claro al poder que “no somos un rebaño”. El ex presidente soviético e impulsor de la Perestroika, Mijail Gorbachov, unió su voz a la de la oposición y pidió la convocatoria de nuevas elecciones. “Los dirigentes del país deben admitir que hubo muchas falsificaciones y trampas y que los resultados no reflejan la voluntad de los electores”, manifestó Gorbachov a la agencia rusa Interfax.