La ley marcial de 1981 sigue dividendo a Polonia

Paco Soto – Varsovia

 

El general Wojciech Jaruzelski acompañado de Fidel Castro en una imagen de archivo.

 

Polonia recordó el pasado 13 de diciembre el 30 aniversario de la instauración de la ley marcial por el general Wojciech Jaruzelski en un clima de división y críticas a los gobernantes por parte de la derecha ultraconservadora (el PiS de Jaroslaw Kaczynski) y diversos grupos radicales. El 13 de diciembre de 1981, el régimen comunista sacó los tanques a la calle para acabar con las luchas obreras y populares dirigidas por el sindicato independiente Solidaridad, porque estaban poniendo en peligro al sistema dictatorial. La ley marcial, que en Polonia se llamó stan wojenny (estado de guerra), duró hasta el 22 de julio de 1983, y provocó un centenar de muertos y miles de detenciones en todo el país.

La mayoría de los dirigentes de la oposición al comunismo –unos 10.000- fueron encarcelados en 48 campos de concentración o tuvieron que exiliarse. Para hacer frente al descrédito internacional, el régimen comunista polaco aseguró que había tomado esa decisión para evitar una intervención militar de la URSS en Polonia, que era una de las piezas clave de la Europa del denominado ‘Telón de Acero’ dependiente de Moscú. 30 años después, una parte importante de la población recuerda con dolor este triste episodio de su historia reciente y la decisión del general Jaruzelski sigue dividiendo a los polacos. Aunque muchos ciudadanos condenan al militar golpista, una parte importante de los polacos está convencida de que sin la ley marcial la URSS hubiera invadido su país.

 

Mal menor

El general Jaruzelski, que es hoy un día un anciano militar retirado de 87 años y enfermo de cáncer que ha tenido que sentarse en el banquillo de los acusados varias veces, sigue pensando que la declaración del estado de sitio en su país fue una decisión inevitable. En declaraciones a medios polacos, el viejo general, que fue el último dirigente de la Polonia comunista, pidió « perdón » por el dolor causado, pero consideró que lo que hizo fue « un mal menor » que salvó a Polonia de « una catástrofe de múltiples dimensiones ». « Si tuviera que tomar esta decisión hoy, lo volvería hacer », declaró Jaruzelski a la emisora Radio Zet. En un libro sobre la ley marcial de 1981 publicado recientemente, el viejo general defiende la misma tesis.

 

Protesta callejera

El PiS de Kaczynski y diversos grupos de la derecha radical, pero también víctimas de la ley marcial consideran que Jaruzelski tendría que estar en prisión y acusan a los gobernantes democráticos de haber evitado que la justicia actuara contra los jerifaltes del antiguo régimen. Las declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores, Radoslaw Sikorski, pidiendo a Alemania -el antiguo enemigo de Polonia- que lidere la Unión Europea (UE) en estos momentos de crisis, sirvieron de pretexto para que la derecha radical politizara aún más la conmemoración del 30 aniversario de la declaración de la ley marcial. Miles de personas -10.000, según los organizadores- salieron a la calle en Varsovia para denunciar el estado de sitio y defender « la soberanía amenazada ».

Los manifestantes, que recibieron el apoyo de un nutrido grupo de artistas, profesores e intelectuales, lanzaron consignas contra el ministro de Exteriores, como « Sikorski a Berlín », y otras del estilo « No creemos en la justicia de los tribunales polacos » y « Honor y gloria a los héroes ». El día anterior, unas 400 personas se manifestaron por la noche delante de la casa del general Jaruzelski. Algunos represaliados por Jaruzelski criticaron la utilización del dolor por parte del PiS. Kornel Morawiecki, opositor al comunismo, consideró que “el intento de aprovechar ese aniversario trágico en los actuales juegos políticos es inadmisible y provoca la erosión de la memoria sobre las víctimas del sistema comunista”. El presidente del Gobierno, Donald Tusk, apeló a los polacos a “permanecer unidos”. Por su parte, el ex líder de Solidaridad, Lech Walesa, declaró al diario Gazeta Wyborcza: “Me siento orgulloso de no haber recurrido a los métodos que pretendía imponernos el adversario. Si lo hubiéramos aceptado, habría muchas víctimas más. El no empleo de la fuerza fue nuestra fuerza”.