Una melillense abandonada por Madrid y Rabat

Ouissal El Hajoui – Tánger / Nador

 

 

Dina Suliman Dris, una ciudadana española de origen marroquí, fue golpeada en Nador, localidad marroquí próxima a Melilla, junto a su hijo de un año de edad y sus tres cuñadas, con el agravante de no haber recibido asistencia alguna. Agredida, insultada y amenazada, tanto las autoridades marroquíes como las españolas han hecho caso omiso de la denuncia de Suliman.

No podemos tramitar una denuncia de un ciudadano español en nuestra comisaría”, le dijo a Dina la policía marroquí. “No es de nuestra competencia llevar a cabo una denuncia contra un ciudadano marroquí. Pero déjenos el nombre de los agresores, así si le pasa algo sabremos quien ha sido”, dijeron los administrativos del consulado español a la víctima. Efectivamente, fuentes de la administración española en el exterior apuntan que los consulados sólo pueden actuar en caso de que se les haya robado el pasaporte a los ciudadanos españoles.

 

Desamparada en el hospital

La víctima llegaba a casa de su suegra sobre las nueve y media de la noche cuando una banda de hombres jóvenes la asaltó, golpeándola y rociándola con un producto químico para intentar robar su coche. “Tiraron a mi hijo al suelo, sangró por la nariz y ahora tiene problemas auditivos”, asegura Suliman. Sin embargo, tanto el bebé como la madre no fueron atendidos en el Hospital Hasaní de Nador. “Arguyeron que somos españoles y que, por tanto, a menos que nos estemos muriendo, no pueden hacer nada por nosotros”, comenta Suliman indignada. “¡Y lo peor es que los agresores nos siguieron y nos volvieron a agredir en la puerta del hospital!”, añade la afectada.

Para colmo – destaca Said Chramti, presidente de la Asociación Gran Rif de Derechos Humanos (AGDHR) – en este caso, el propio oficial jefe de guardia se desplazó hasta el hospital y, sorprendentemente, no detuvo a los agresores”. Por su parte, Dina Suliman Dris narra cómo la banda de delincuentes le aconsejó que no perdiera el tiempo acudiendo a la policía, “ya que detrás de ellos había alguien muy poderoso y con mucho dinero en Nador”, declara, aún con incredulidad, la víctima.

 

En tierra de nadie

No es la primera vez que un ciudadano melillense – por tanto, legalmente español – de origen marroquí tiene problemas burocráticos tanto en España como en Marruecos. De la misma forma que Dina Suliman Dris fue rechazada por las autoridades marroquíes y las españolas en el exterior, Katia, nacida en Melilla hace 36 años, de padre alemán y madre marroquí, lleva 10 años intentando obtener una nacionalidad, cualquiera que sea. Marruecos lo tiene claro, no es ciudadana marroquí ni lo será. Por su parte, España le pone numerosos obstáculos para tramitar la nacionalidad.

Se supone que los marroquíes nunca pierden su nacionalidad de origen. Tal y como queda recogido en la nueva Carta Magna (aprobada en referéndum popular el 1 de julio de 2011), estos tienen reconocidos todos los derechos. Por eso hemos denunciado el caso de Dina Suliman Dris para que sea indemnizada”, destaca Said Chramti. Como Dina y Katia, son muchos los inmigrantes nacionalizados en Ceuta y Melilla que se sienten especialmente rechazados por las autoridades marroquíes. “Desde las agresiones de la que fui objeto voy con pánico por las calles de Nador. Me han amenazado y sé que si vuelven a agredirme tengo todas las de perder”, lamenta la melillense.