Diplomados parados en pie de guerra contra el Gobierno de Marruecos

David Alvarado – Rabat

 

Manifestación de diplomados en paro frente al Parlamento de Rabat.

 

Unas 2000 personas acudieron el pasado martes al entierro del joven Abdelwahed Zedoune, un diplomado en paro de 27 años de edad que sucumbió a sus heridas después de quemarse a lo bonzo el 18 de enero. Zedoune se convirtió en el primer “mártir” marroquí desde el inicio de la “primavera árabe”, traduciendo la desesperación de cientos de jóvenes que, como él, buscan un empleo en Marruecos. “Ha sido todo un shock para nosotros“, denuncia Fouzia, titulada en literatura árabe que presenció la inmolación de Zedoune. “Aquí no hay democracia ni derechos del hombre, sólo humillación“, lanza Azedine, un físico en paro presente en el un emotivo funeral donde las muestras de indignación no cesaron de sucederse.

Y es que los contestatarios han arremetido contra el laxismo de los poderes públicos, a quienes acusan, en último término, de la muerte del joven. El ministerio del Interior ha anunciado la apertura de una investigación para dilucidar las causas exactas del deceso y determinar si hubo algún tipo de negligencia de parte de las fuerzas de seguridad. Titular de una maestría en documentación por la Universidad de Fez, Zedoune participaba desde hacía algo más de dos semanas en una sentada frente al ministerio de Educación Nacional, en Rabat. Ante la negativa de las autoridades de acordarles un empleo en la función pública, el joven no encontró mejor modo de manifestar su rechazo que prendiéndose fuego, después de rociarse con gasolina.

 

Anterior a las revueltas árabes

Los marroquíes comenzaron a inmolarse mucho antes de la revolución tunecina“, puntualiza Zineb Belmkaddem, una de las cabezas más visibles del Movimiento del 20 de Febrero, la expresión marroquí de la revueltas de la calle árabe. El colectivo de los diplomados en paro vio la luz hace más de tres lustros y desde entonces han protagonizado dramáticas escenas. En febrero de 2007, por ejemplo, varias decenas de diplomados parados invidentes intentaron un suicidio colectivo encadenándose a las vías del tren en la estación de Rabat-Ville. Por estas mismas fechas, unos 40 titulados miembros del movimiento amenazaban también con suicidarse quemándose a lo bonzo en plena calle.

No obstante, en paralelo a las evoluciones en la región el fenómeno ha cobrado fuerza estos últimos meses. Desde el inicio de la revuelta árabe en Túnez al menos 15 personas han intentado quemarse a lo bonzo en Marruecos. Las calles de la capital son el escenario privilegiado por este colectivo para sus protestas, día tras día, desde hace años. Pero las manifestaciones no son ajenas a otras regiones y localidades como Casablanca, Tánger, Nador, Alhucemas, El Aaiún o Bojador en el Sáhara Occidental, o Taza, en el centro del país, donde recientemente se sucedieron violentos disturbios entre manifestantes y fuerzas de seguridad. Marchas y manifestaciones, ocupación de edificios públicos, sentadas y enfrentamientos directos con policía y fuerzas auxiliares son moneda común en Marruecos durante los últimos años.

 

Oposición al nuevo Gobierno

El Estado mantiene el precio de los productos básicos a costa de un importante déficit presupuestario. A mediados de febrero de 2011, justo después de la explosión social tunecina, el Gobierno del nacionalista Abbas El Fassi aprobó una inyección de 1,4 mil millones de euros en la economía para paliar el clima de tensión. Sucesivos gobiernos han consentido contrataciones extraordinarias en la administración pública de estos diplomados parados buscando así paliar en cierta medida la virulencia sus reivindicaciones.

El Gobierno dirigido por el islamista Abdelilah Benkirane, que se impuso en las elecciones del 25 de noviembre de 2011, no ha podido escapar a tan espinoso dossier. A pesar de que el programa de su ejecutivo, que acaba de recibir la moción de confianza del legislativo, incide en la implementación de nuevas y amplias políticas sociales, nada parece calmar la ira de los diplomados en paro. Y es que a pesar de lo que pudiera parecer a priori, estos ya han mostrado su frontal oposición frente al nuevo equipo gubernamental.

 

¿Causa justa?

Aunque la cifra oficial de paro se sitúa en el 9,1%, la realidad laboral no parece ser tan halagüeña en el reino jerifiano. La Agencia Marroquí para el Empleo estima en un 27% los titulados universitarios actualmente en paro, con 40.000 nuevos titulados incorporándose cada año al mercado de trabajo. Sin embargo, un simple repaso a las opiniones de algunos editorialistas o incluso a improvisada encuesta a pie de calle denotan que el grueso de marroquíes no comparte las reivindicaciones de los diplomados parados. Si bien el colectivo se encuentra harto fragmentado, compuesto por diferentes coordinadoras y grupúsculos, arremetiendo en ocasiones contra el tráfico de influencias en cuanto a las contrataciones públicas, su principal reivindicación no es otra que la inmediata integración en la función pública, sin más.

No es una causa justa ni democrática, ya que principal demanda es ser contratados en la función pública, donde por cierto los salarios son bajos, sin pasar ningún tipo de oposición previa o concurso, precisamente yendo contra lo que ellos mismos dicen condenar“, declara Karim, propietario de un comercio frente al Parlamento de Rabat, víctima de los trastornos que desde hace años le suponen las continuas manifestaciones y ocupación de la vía pública por parte de este colectivo.  “Mejor les iría buscaran trabajo de verdad en vez de molestar a la gente corriente todos los días con sus manifestaciones demandando sus únicos privilegios“, lanza Amina, regente de un café en el bulevard Mohamed V de la capital.

Para algunos expertos consultados, este fenómeno no es sino el resultado del fracaso del sistema educativo, que no se ajusta a las nuevas exigencias del mercado de trabajo. Para el economista Driss Bennali, “se trata de personas que en su mayoría se han titulado en carreras sin apenas salidas laborales, que únicamente hablan el árabe y que por lo general abrazan la causa islamista. ¿Qué empresario bajo el actual contexto de mercado global querría contratar a perfiles como estos?“.