Inestabilidad electoral. Por Javier Fernández Arribas

 

Resulta contraproducente que la fiesta de la Democracia, las elecciones, provoque inestabilidad. Perplejos observan millones de personas las decisiones incoherentes que toman diversos dirigentes políticos de distintos países pensando exclusivamente en su propio interés electoral. Este año 2012 es prolífico en comicios generales que pueden cambiar o no algunos gobiernos. Las principales superpotencias celebran cita con las urnas y las perspectivas no auguran cambios profundos pero nadie se fía. En Estados Unidos, las posibilidades de repetir de Barack Obama crecen en las últimas semanas por la debilidad republicana y a pesar de las desilusiones cosechadas. Asistimos en los últimos meses a un incremento muy peligroso de la guerra secreta contra Irán que se ha cobrado la vida de otro científico iraní mientras el presidente Ahmadineyad visitaba a sus seguidores en América Latina, liderados por el clan venezolano, provocando mayores recelos en Washington y en otras potencias de la región como Brasil o México y preocupación en España.

Precisamente, Venezuela y México decidirán en las urnas si continúa Hugo Chávez y si el PRI recupera el poder. Rusia también cumplirá con una polémica cita electoral donde la previsión indica que Vladimir Putin va a culminar la farsa del cambio de cromos con Medvéded, a pesar de las protestas populares. Donde nadie puede protestar ante el cambio de personas pero no de régimen autoritario es en China. Nada indica que los nuevos dirigentes de la emergente superpotencia vayan a realizar algún tipo de apertura hacia la libertad y la democracia y mantendrán su pugna por la hegemonía internacional. En Europa, después de los cambios en España, Italia y Grecia, por motivos diferentes pero con la crisis como actor fundamental, Francia afronta unos comicios inciertos donde la permanencia de Nicolás Sarkozy en el Elíseo no está asegurada por el auge del socialista Francois Holland, después del patético escándalo de Strauss-Khan.

La gestión de la crisis y el vapuleo de los mercados y de la agencias de calificación a la vieja Europa mal gobernada desde la mediocridad alemana y francesa, el estupor italiano y el egoísmo británico, junto con los desmadres griego, portugués, irlandés y español, marcan el futuro más cercano que pasa por una nueva Union Europea. Nadie se fía de que haya verdadera voluntad política de acometer las reformas imprescindibles. Sólo una situación desesperada provocará que se tomen decisiones y, lo más complicado, que se cumplan después. En los países árabes, inmersos en intentos de cambio, las elecciones proporcionarán más poder a los partidos islámicos con consecuencias imprevisibles.